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jueves, 6 de octubre de 2011

Heidegger: Pensamiento & Verdad- Clase 5


Picando este enlace puede escucharse la última clase del curso"Heidegger: Pensamiento & verdad" en el que se tratan temas como qué sea pensar, pensamiento reflexivo meditativo y pensamiento calculdor, la esencia de la tecnología y otros tantos

sábado, 21 de mayo de 2011

Momentos de una discusión sobre el pensamiento de Giegerich


En un blog se publicó un comentario despreciativo sobre la psicología de Giegerich que, a mi juicio, revelaba no sólo una pésima comprensión del pensamiento dialéctico de W. Giegerich, sino también ponía de manifiesto una colocación absolutamente inadecuada para acceder a ese pensamiento.
La discusión en su totalidad puede verse picando aquí.

Lo que ahora me interesa destacar es lo atinado de la respuesta que Josep Vila dio a un participante, respuesta que a su vez puede servir de aclaración y de introducción al pensamiento de Giegerich y que por ello reproduzco a continuación. Para evitar la referencia a nombres concretos, llamo "XY" al participante en cuestión:



Un comentarista, llamémoslo XY, dice:


16 mayo, 2011 - 18:55

Muy buen artículo.

Por otra parte, no leí toda su acalorada e intelectualmente barroca discusión, aunque desde ya se nota una importante cuota de afectación en la polémica. He leído los artículos de Giegerich publicados por E. Esquenazi en su excelente pagina y, realmente, sigo sin comprender de donde nace por parte de un profundo lector de Jung como parece ser Esquenazi, la evidente admiración por este pensador que (al menos en mi interpretación de los textos mencionados) no veo que demuestre nada brillante fuera de lo que parece ser una poco disimulada ansia por ser reconocido como el genio que movió los cimientos de la psicología analítica, abriendonos los ojos encegecidos por la ilusión del viejo paradigma. Y digo esto no solo porque me resulta asombrosamente obvio en la retórica virulenta y arrogante del autor, sino porque sus grandes criticas parecen sostenerse sorprendentemente en un desconocimiento profundo del sentido de la obra de Jung (del que curiosamente dice considerarse sucesor), cuando no en una serie de postulados que repiten patéticamente muchos de las errores del positivismo más míope, desnudados por la propia obra de Jung. Hay, incluso, mentiras explicitas o errores groseros en la interpretación que Giegerich hace de ciertos aspectos de la teoría junguiana que hacen pensar si este pensador comprendió realmente a su “maestro” o profundizo lo suficientemente en su obra antes de apoyarse sobre lo que sabía o creía saber de esta para elevarse sobre ella en la postura de un genio innovador. Sobretodo porque, fuera de su falsamente grandilocuente crítica, esta autor no parece haber aportado o hecho otra cosa más que volver a las perspectivas psicologicas del materialismo más vulgar y a la soberbia más evidente del ego autosuficiente del hombre moderno.
Verdaderamente, y aunque los textos de Giegerich proporcionados por Esquenazi sigan siendo material interesantes desde algunos aspectos concretos, en su función primaria de crítica a la obra junguiana solo pueden parecerme un lamentable ejemplo de engreímiento intelectual, pero sobretodo ignorancia.


Enrique Eskenazi dice:

17 mayo, 2011 - 14:26

El Sr. XY dice que Giegerich no entiende a Jung o que incluso miente, pero se ahorra mencionar exactamente POR QUÉ (citando textos, aun mucho mejor) ni expone esas “mentiras”. Eso, lógicamente, no da pie a ninguna respuesta. El piensa lo que piensa sin mostrar nada que respalde su pensamiento. Yo, en cambio, puedo señalar cada frase de Giegerich y qué la fundamenta y en qué se basa. Claro, esto sólo si hay disponibilidad a entender su pensamiento, y no simplemente a rechazarlo porque “a uno no le gusta”. Así no se piensa, no se argumenta, no se desarrolla nada. Sólo opiniones, hasta ahora completamente infundadas. Por último aclaro que a mí no es Giegerich quien me fascina, sino la verdad. Y estoy persuadido de que hay verdad en el pensamiento de Giegerich, porque entiendo y comparto plenamente sus razones. En cuanto a “conocer la obra de Jung”, dudo mucho de que alguno en esta cadena la haya estudiado y analizado con la profundidad, el amor, la dedicación y la atención que ha mostrado Giegerich en más de cuarenta años de publicar artículos, libros y ensayos poblados de razones, pruebas, citas y argumentos. Seré amigo de Jung (o de Hillman o de Giegerich) pero aún más amigo de la verdad

XY dice:
19 mayo, 2011 - 16:10
Sr. Eskenazi, lo que usted me solicita es la densa tarea de ponerme a desarmar, punto por punto, el aparato teórico de los textos de Giegerich para exponer todos los errores, falsedades y falacias mencionados. Yo no lo considero un autor lo suficientemente relevante como para que merezca tal puntilloso tratamiento. Sin embargo, si usted me lo pide, en aras de la simplificación (y de mi tiempo), le señalaré algunos de los puntos que me parecen más importantes, tomando como referencia el texto “Es profunda el alma?” en donde Giegerich expone algunas de sus posturas más radicales con respecto a la psicología analítica:
1)Toda la discusión sobre si el alma es o no “profunda” es estéril, partiendo del punto de que Giegerich está literalizando una forma simbólica. La “profundidad” del inconsciente es una metáfora, un símbolo imaginativo para representarlo (al respecto, recomiendo ver Patrick Harpur “El fuego secreto de los filósofos”, Cap V). El “mundo del alma” se expresa en formas simbólicas, sean profundas o altas, pero no es por si mismo alto o bajo ya que estas son propiedades del mundo físico, no del mundo del alma. Aunque se pueda establecer relaciones de significado o interdependencia entre el mundo de los fenómenos físicos y el de los fenómenos psíquicos, reducir una dimensión de la realidad a la otra o fundirlas negando la diferencia entre ambas es una falacia que va en contra de la propia experiencia fenoménica (por esto creo que la frase de Raúl Ortega “no se trata de creer en la gravedad por leer a Newton, sino por caerse de culo” no es desafortunada ni poco rigurosa argumentalmente sino de hecho bastante precisa). (al respecto de la discusión sobre las superficies y las profundidades de lo real, recomiendo Ken Wilber, “Sexo, Ecología, Espiritualidad”, Cap. IV).
Aun cuando se pretenda, desde un punto de vista puramente idealista (o junguiano en el mejor sentido), considerar la totalidad de las experiencias como fenómenos psíquicos, y llamar a esta totalidad “alma”, dentro de esta experiencia psíquica no podríamos negar (sin caer en la más rotunda miopía) la diferenciación de los estados en que está experiencia se presenta: a saber, como mundo físico sensible y mundo mental no sensible (sentido o simbolizado como “interior”). Estaríamos entonces frente a un simple problema de terminología, y no fenomelógico.
Por lo tanto, la siguiente frase de Giegerich, parte de un desconocimiento o malinterpretación del pensamiento junguiano, y simplemente no es cierta:
“Mientras que dentro de la psicología el alma era omniabarcadora, la psicología misma fue planteada como limitando con, y totalmente rodeada por, un otro externo: la realidad “real”.”
Jung tenía ciertamente en claro la naturaleza primariamente psíquica de la experiencia fenoménica (“A los que creen haber dicho algo empleando la palabra “materia”, conviene hacerles reflexionar que lo que han hecho es sustituir la X por una Y, y que nos hallamos en el mismo punto en que nos hallábamos antes” “Recuerdos, Sueños, Pensamientos”), pero no por eso confundía los datos empíricos o era incapaz de diferenciar la fenomenología del alma de la del plano de los fenómenos físicos. La postura de Giegerich es una confusión que simplifica al extremo y quiere retrotraerse por medio del pensamiento lógico-analítico a una postura de no-dualidad (aunque sería realmente preciso llamarla “visión del mundo animista indiferenciada”), algo por cierto inherentemente paradójico, ya que todo su análisis parte del pensamiento lógico, cuya naturaleza misma es la de analizar las cosas a partir de la diferenciación (al respecto, Eric Neumman, “The Origins and History of Consciousness”).
2) Giegerich dice sobre Jung:
“…avanzó hacia una forma pensante, reflexiva, de conciencia como único modo adecuado en el cual pensar acerca del alma…”
Esto es una falacia totalmente anti-junguiana. Jung diferenciaba 4 funciones psíquicas básicas en su teoría, y ninguna es privilegiada por encima de las otras, sino que el ideal es que funcionen en un equilibrio dinámico (Véase Jung, “Tipos Psicologicos”). Con respecto al “pensar acerca del alma”, si nos referimos a las manifestaciones del inconsciente, es ridículo reducir la postura de Jung a la de un fenomenólogo racionalista (un estructuralista), cuando el aspecto “numinoso”, lo irracional, lo intuitivo y no lo meramente lógico-analítico-hermenéutico tienen un peso fundamental en toda su obra. El único que parece entronizar una función psíquica por sobre las otras es lamentablemente el propio Gieguerich, quien comienza y termina en la función intelectual, sin dejar espacio ni reconocer la legitimidad de las otras.
3) Sigue:
“Dos mil quinientos años después de Heráclito, Jung esperaba lograrlo, en su concepción del nuevo campo de la psicología de lo inconsciente, permaneciendo en el antiguo nivel de conciencia y sintiéndose eximido de tener que pensar en los temas primarios del alma.”.
¿Qué es esto? ¿Cuáles son los “temas primarios del alma” que según Giegerich Jung esquivaba con temor? ¿Qué es la vasta obra de Jung sino la preocupación y profundización justamente en los temas primarios del alma?
4) Dice Giegerich:
“El fundamento inconmovible del planteo de Jung era la frontera abstracta, externa, no psicológica (su “barrera a través del mundo mental”), que separaba “interior” y “exterior” como opuestos mutuamente excluyentes, espalda contra espalda, por decirlo así (…) En su pensamiento bien considerado, lo “interior” por una lado estaba separado de lo “exterior” (el objeto externo a nosotros) por una barrera insuperable”
Esto es otra falacia grosera y descarada. ¿Qué es la hipótesis de la sincronicidad sino la formulación del un tema que intrigaba continuamente a Jung: las relaciones entre la psique y el mundo “objetivo”?
5)Giegerich:
“La implicaciones de la teoría de la sincronicidad amenazan absolutamente, en verdad sacuden, nuestra visión del mundo usual. Pero Jung no asumió responsabilidad por su teoría. Él no tenía la culpa. No tenía nada que ver con ello. No había, por su propia cuenta, llegado a una pretensión “metafísica” de una última unidad. Tan sólo había descubierto ciertos “hechos empíricos” acerca de la naturaleza psicoide más profunda del inconsciente colectivo. Vergonzoso.”
Yo diría que lo que es vergonzoso es que un pensador que se dice sucesor de su maestro bastardee sus ideas de este modo y demuestre así mismo esta desmedida falta de respeto. Pero dejando esto de lado, Jung ¿era responsable de sus descubrimientos? ¿Qué clase de idea es esa? ¿Era Einstein responsable de haber descubierto la relatividad? Como científico, como fenomenólogo, Jung era responsable de la objetividad y de la precisión de sus investigaciones y descubrimientos, no de lo que sus investigaciones revelaban. La documentación y el enorme trabajo de precisión académica en sus escritos lo demuestran con creces. Pero más importante, Jung sí tomo los datos empíricos y formulo con ellos una hipótesis: la propia hipótesis de la sincronicidad a la que Giegerich refiere, ni mas ni menos (véase Jung, “La Interpretación de la Naturaleza y la Psique”).
6)Giegerich:
“La escisión neurótica en la psique occidental no es realmente patológica. Lo que la hace patológica es que no es entendida -no entendida como “síntoma” del hecho de que, en la historia del alma, la conciencia ha avanzado a un percatarse de sí misma como factor determinante, y como una mitad de un todo, un percatarse que simplemente requiere pensamiento y lógica dialéctica”.
Aquí la entronización de la función intelectual por sobre las otras tres se vuelve tan evidente en Giegerich como por demás patética, ya por otro lado arroja a la basura sin mas todo el modelo de Jung para la “cura del alma”, desde la confrontación con lo reprimido y lo numinoso como la necesidad de equilibrar los opuestos psíquicos, en los que toda la psicología junguiana hace especial hincapié, y que no pueden resolverse solo aplicando “pensamiento y lógica dialéctica”. Giegerich, sin más, propone al “pensamiento y la lógica dialéctica” como la solución a todos los problemas del alma. En otras palabras, el retorno a la filosofía iluminista y cartesiana como modelo de la psique. Lo cual no solo es increíble (sobretodo en un pensador que se dice desvergonzadamente sucesor de Jung) sino paradójico y contradictorio con su propia formulación.
7) Giegerich:
“El alma no está escindida, no necesita completitud, porque siempre es completa. La escisión está en la estructura mental de Jung (y la nuestra).”
“La escisión neurótica en la psique occidental no es realmente patológica. Lo que la hace patológica es que no es entendida (…) La escisión se vuelve neurótica, patológica, sólo porque se rechaza esta invitación, y la conciencia se encapsula obstinadamente en la inocencia de un modo anticuado de imaginar.
La barrera no es real pero nuestro “modo de pensar” (modo de ser-en-el-mundo, en su propia terminología) la actualiza, la convierte en una realidad psicológica. Entonces esta forma de pensar, este “modo de ser en el mundo”, está realidad del alma… está separada del mundo? ¿Cómo puede Giegerich no considerar este modo de pensar, esta realidad psicológica como “mundo” sin anular todos sus postulados anteriores?
Y dice: “la escisión no es realmente patológica…” solo para decir a continuación “lo que la hace patológica es que no es entendida… etc..” Lo lamento, esto es una tremenda, absurda, grosera contradicción dialéctica que no solo no tiene nada de brillante o lucida sino que no tiene ningún sentido.
Hay más que decir al respecto, tanto en este como en otros artículos de Giegerich, especialmente sobre sus críticas al respecto de la noción de arquetipo y del proceso de individuación, por limitaciones de tiempo, deberán (de ser necesario) quedar para otra ocasión.
Recomiendo sinceramente volver a echarle un vistazo a ese artículo realmente lúcido, sencillo, esclarecedor y contundente de Jung que es “Consideraciones Teóricas sobre la Naturaleza de lo Psíquico”, publicado en “Arquetipos e Inconsciente Colectivo” para revisar los postulados fuertes y argumentos empíricos reales desde donde nace la psicología analítica.
Saludos.



Enrique Eskenazi dice:
19 mayo, 2011 - 16:16
Todo lo que dice Giegerich es verdad, y es una pena que Ud. obviamente no lo comprenda (y no es mi tarea explicarle a Ud. lo que su falta de atención no percibe). En cuanto a que Giegerich “miente”, tiene que tener cuidado en lanzar esas calumnias en público. Este foro no es importante, pero se hace vulnerable Ud. de una denuncia por difamación.

XY dice:
19 mayo, 2011 - 16:24
Mi comentario sobre la “verdad” o “falsedad” en los textos de Giegerich obviamente no está referida a la sinceridad científica o moral del autor, sino de su validez de verdad como postulado teoríco, asi que su aclaración está totalmente de más y fuera de lugar.
Por otro lado, es muy fácil adoptar para usted decir que yo “no comprendo” sin explicar porque ni presentar una mínima contracritica a mis comentarios. ¿No era usted el que pedía razones, citas y argumentos?


Enrique Eskenazi dice:

20 mayo, 2011 - 5:34

A partir de las afirmaciones de Giegerich Ud. le hace decir cosas que NI REMOTAMENTE DICE NI PIENSA como, por ejemplo (y los ejemplos podrían ser MUCHOS más):

“La postura de Giegerich es una confusión que simplifica al extremo y quiere retrotraerse por medio del pensamiento lógico-analítico a una postura de no-dualidad (aunque sería realmente preciso llamarla “visión del mundo animista indiferenciada”), algo por cierto inherentemente paradójico”

Cómo no va a ser paradójico, si Giegerich NO QUIERE RETROTRAERSE a una “postura de no-dualidad” ni a una “visión del mundo animista indiferenciada”, ni mucho menos. Eso es un ERROR, y esa conclusión que Ud. extrae jamás se afirma en la obra de Giegerich, antes bien, todo lo contrario. De “animismo” en Giegerich no hay nada.

O Ud. escribe: “la entronización de la función intelectual por sobre las otras tres se vuelve tan evidente en Giegerich”

Giegerich ha insistido MUCHAS VECES EN SU OBRA -obra que yo he traducido y que Ud. ha leído en mis traducciones, vaya cara que tiene Ud..- en que jamás se refiere por “pensamiento” a la “función pensamiento”, ya que como Ud. sabrá, las funciones de Jung son “funciones del ego”. Nada que ver con lo que significa pensar, en términos de Giegerich.
Y por cierto, Giegerich jamás entroniza la “FUNCIÓN” pensamiento, sencillamente porque pensar no es función de ningún ego.

Y así sucesivamente. Ud no comprende a Giegerich porque Ud. no puede evitar pensar por ejemplo que “pensamiento” es una función del ego. Con esto, ha desvirtuado el pasaje de Giegerich. En cuanto a la “sincronicidad”, Giegerich nunca ha dicho que haya o no haya sincronicidad, Giegerich no hace ONTOLOGÍA, ni METAFÍSICA, ni mucho menos FÍSICA. Giegerich pone de manifiesto los presupuestos de un pensamiento que afirme la sincronicidad: y ese presupuesto es que ya existen un mundo físico y un mundo psicológico, y que el uno “limita” con el otro, y trata de explicar esa dualidad. Giegerich no dice que haya ni que no haya dualidad, sino que pone de manifiesto que la idea de sincronicidad (porque la sincronicidad no es sino una IDEA y no una “cosa”) trata de ofrecer una “solución” a la dualidad de dos mundos, uno de “dentro” y otro de “fuera”. Y naturalmente, analiza lo que esas NOCIONES implican. Ud. se limita a decir que son metáforas (etiquetas), pero ¿metáforas de qué?

Bueno, por hoy ya tiene suficiente. Hay que aprender a leer para poder comprender. Y leer en los términos que usa el autor, y no traducir los términos del autor a los propios. Giegerich habla de la lógica inevitablemente implícita en una explicación, nunca habla de la supuesta “realidad”. Por ahí hay que empezar.


José Vila dice:
20 mayo, 2011 - 10:31
Sr.XY,
Le agradezco el interés y el trabajo en su crítica a los postulados de Giegerich, como respuesta al sr. Eskenazi. Lamentablemente creo que usted no ha entendido lo que Giegerich quiere decir y que el sr. Eskenazi trata de explicarle. Tan solo me gustaria hacerle ver algunas contradicciones en las que usted cae en su respuesta. Será solamente, sobre las primeras frases de su respuesta, que quizás nos valgan como medida, para mostrar la sintaxis desde la que usted se expresa. Usted dice:
Toda la discusión sobre si el alma es o no “profunda” es estéril, partiendo del punto de que Giegerich está literalizando una forma simbólica.
Giegerich, en su artículo, plantea la pregunta: es profunda el alma?. La plantea como punto de partida. Hace psicologia, o sea: atiende el “logos” de la imagen. No habla de lo que es o no es el alma. De hecho Giegerich, acerca del fragmento 45 de Heráclito, comenta: “….Su interés es por el alma, pero como el alma no puede tratarse directamente, este estilo de investigación psicológica tiene que asumir la forma de comentario sobre “documentos del alma” dados. La pregunta psicológica no es ni puede ser qué y cómo es el alma, sino cómo se refleja el alma en sus manifestaciones. No somos tan ingenuos como para querer confrontar el alma directamente. Hemos entendido que la psicología es el estudio del reflejo en algún espejo y no el estudio de aquello de lo cual la imagen en el espejo es un reflejo”.
Como ve Giegerich no habla de si el alma es o no profunda, no habla de si el alma es tal cosa o tal otra, como usted hace sin darse cuenta, calificando el debate de estéril. Justamente este aspecto es de vital importancia y es lo que no le permite a usted poder “entrar”. Usted habla directamente del alma. Y no se da cuenta que la pierde, que la cosifica, que ya no está disponible. Solo está disponible para el ego, que en su necesidad de explicación, convierte el pensamiento vivo de Jung, en una cosa muerta, una especie de “plantilla” que usted aplica a cualquier manifestación del alma; sin darse cuenta además, de que en usted se está atendiendo el ámbito del alma, desde ese estilo de consciencia.
Giegerich expone en ese mismo artículo, acerca de como hemos de acercarnos al texto de Heráclito: “Sería un insulto a Heráclito suponer que lo único que pretendía hacer con este fragmento era establecer una especie de “máxima áurea de sabiduría” acerca de la profundidad del alma; no se trata de sabiduría, ni de máximas, ni de una verdad estática y acabada, sino de un pensamiento. Tenemos que entrar en el preciso y complejo proceso de pensamiento que Heráclito condensó en este fragmento, y pensarlo, reconstruirlo, es decir, seguir su movimiento interno; tenemos que desarrollar lo que nos presenta en la brevedad de una frase. Para hacer esto, tenemos que dejar atrás todo el equipaje que traemos, todas nuestras ideas preconcebidas acerca de la naturaleza del alma, así como de su “profundidad”, y someternos de hecho al viaje mismo al que nos envía nuestro texto, a fin de descubrir adónde conduce este movimiento y cuáles son sus resultados”.
Como ve, intenta seguir “el movimiento interno” del texto, no lo que él cree a priori que es o no es. Permite que el texto muestre su lógica, su pensamiento, que “diga”. Es la consciencia la que toma consciencia de sí ( compara el fragmento 45 con el Salmo 139), y se reconoce como profunda. Pero que significa profunda? Hay que pensar (evidentemente no me refiero a la función pensamiento (otra plantilla) sino a lo que Giegerich hace con el fragmento de Heráclito. Eso es pensar y a su estudio le remito). Hay que pensar la expresión “houto bathys” ( tan profundo), en sus propios términos. Dese cuenta, de que en este punto, usted ha levantado el vuelo, ha huido de la tarea de “pensar”, hacia una abstracción que además de que no quiere decir nada, no tiene sentido. Tal abstracción es :
La “profundidad” del inconsciente es una metáfora, un símbolo imaginativo para representarlo.
Ya tenemos plasmada la huida ante la tarea de tener que pensar el movimiento interno del texto. Resulta que “ la profundidad” es una metáfora del inconsciente ( a saber lo que entenderá usted por inconsciente, parece que es un saco donde cabe todo y uno se queda tan ancho). Un símbolo imaginativo: esto no tiene sentido, un símbolo no es imaginativo. Al final de su Tipos Psicológicos, C. G. Jung escribió, “Mientras un símbolo se mantiene vivo es que constituye la mejor expresión de una cosa. El símbolo sólo se mantiene vivo mientras está cargado de significación. Mas en cuanto alumbra su sentido, es decir, en cuanto se encuentra la expresión que formula mejor que el símbolo la cosa buscada, esperada o presentida, puede decirse que el símbolo muere. Ya sólo tendrá significación histórica” (Tipos psicológicos, Capítulo XI,). Que es eso de un símbolo imaginativo, un símbolo que imagina? La imaginación, lo imaginal, lo imaginario, no son atributos del símbolo. Vincular alegremente “ símbolo imaginativo” es no decir nada, con el agravente de creer, que usted está diciendo mucho. Le sugiero que vuelva a leer el artículo. Es la mejor manera de darse cuenta de lo que le estoy diciendo. Es un artículo maravilloso en el que Giegerich, además de tratar la temática del artículo, nos muestra como se puede pensar.
Además, sobre “ la profundidad como símbolo” y parafraseando a A. Bica:” Cuando un símbolo está vivo anímicamente no hay tres “símbolos” de lo mismo -1) lo que era cuando estaba vivo (el símbolo cargado de significación anímica, compartido comunalmente y que determinaba la vida de cada individuo), 2) lo que es hoy en su positividad (aquello que ha explicitado el símbolo y que hoy es lo que efectiva y comunalmente es compartido por todos), y 3) lo que era para otro tiempo en tanto vestidura mítica o imaginal como cáscara muerta que contenía la vida que ya no tiene (como una pieza de museo para visitar o para dedicarle un estudio arqueológico, o también como una experiencia subjetiva individual (el mundo del entretenimiento y del espectáculo))”.
Partiendo de la pregunta acerca de la profundidad, Giegerich llega a penetrar la imagen de “profundidad”, entendiéndose ahora como absoluta interioridad. Llegar a entender “profundidad” como “ absoluta interioridad”, es algo que no se puede hacer hablando de “símbolos imaginativos” o “metáforas del inconsciente”. Simplemente, porque si usted lo hace de esa manera, se queda en la más árida de las superficies. Se queda usted “fuera”. No usted: la consciencia desde la que usted se acerca al tema.
Tiene razón Giegerich, cuando comenta ( y lo hace en el mismo artículo, que le pido vuelva a leer), que el mundus imaginalis, no puede ser sino una manifestción de la res extensa. Voy a citar una última frase de su respuesta:
El “mundo del alma” se expresa en formas simbólicas, sean profundas o altas, pero no es por si mismo alto o bajo ya que estas son propiedades del mundo físico, no del mundo del alma.
Aqui se pone en evidencia la contradicción que se vive en usted y que aún no ha sido resuelta. Quizás Descartes pueda serle de ayuda…Usted califica de “profundas o altas” (que son atributos físicos), las formas simbólicas en las que se expresa, según usted, el alma. Para después pasar a decir “ que no es alto o bajo” porque esto es físico…O sea, califica con atributos físicos, lo que para usted no es físico, pero no sabe como designarlo de otra manera. No le parece que esto es quedarse en la superficie, que carece de rigor. No se puede decir es”como si fuera así, pero sin serlo..” y quedarse tan ancho.
Justamente Giegerich, le muestra en ese artículo, como se puede ir “ más allá” de la superficie en la que , inadvertidamente, está usted instalado. Ya hablar de anima mundi, implica el estar viviendo en un mundo que ha perdido el anima. La ha perdido, porque el alma ya no se encuentra donde se encontraba. Eso lo vió Descartes y usted se empaña en negar a Descartes, pero a pesar suyo, usted la da tanto la razón a Descartes!! Usted está ya situado en la escisión y por eso lo ve todo escindido: físico/mental, interno/externo…y utiliza la “plantilla” en la que ha convertido el pensamiento de Jung, en algo que le permite vivir fuera de la historia del alma.
Jung no sabia de “plantillas” ( esa especie de mapa que usted superpone a cualquier acontecimiento, para negarle su “verdad” y pasar a explicárselo desde “ la plantilla”: animus por aqui y anima por allá, arquetipos por aqui y complejos por allá, inconscientes personales por aqui y inconscientes colectivos por allá, si-mismo por aqui y proceso de individuación por allá, yo por aqui y sombra por allá…) Imágenes que esataban vivas en Jung, pero que en su movimiento lógico, han dado paso al pensamiento que habitaba en ellas y que supone su muerte como imagen.
Parece que usted es partidario de practicar el más absoluto inmovilismo en la sintaxis, para luego en la semántica hablar de toda clase de fluideces y símbolos e imaginaciones. Eso es una neurosis. No suya. Sino de la verdad atrapada en la consciencia desde la que usted vive, en forma de rechazo.
Desde estos presupuestos, no pensados, es muy difícil que usted pueda entender a Giegerich. Pero es mucho mas difícil aún, que usted se de cuenta de la cárcel en la que tiene encerrado al pensamiento de C.G.Jung.
Un saludo.



miércoles, 21 de octubre de 2009

Adentro del “Libro Rojo” de Jung

Seis preguntas para Sonu Shamdasani, por Scot Horton

Acabo de traducir y publicar en la web del Centro esta interesante entrevista en la que entre otras cosas Shamdasani, estudioso de Jung, Profesor Philemon de Historia de Jung en el Wellcome Trust Centre for the History of Medicine en el University College de Londres, y director de la edición del libro y su traductor del alemán, dice que:

“En el volumen de folios de cuero rojo, titulado Liber Novus (Nuevo Libro) transcribió con gran esfuerzo los manuscritos en una tipografía caligráfica, encabezada con una table de abreviaturas, y la ilustró con iniciales ornamentadas, bordes adornados y pinturas. Las pinturas representan inicialmente escenas descritas en el texto. En un estadio ulterior, los cuadros sed vuelven más simbólicos, relacionados con fantasías de su sus Libros Negros, representando elaboraciones ulteriores de su cosmología privada. La obra claramente fue modelada según manuscritos ilustrados de la Edad Media, con los que supongo que estaba familiarizado desde sus días de estudiante en Basilea, aunque no es claro si hubo alguna obra particular que tomase como modelo. La mayor semejanza es con las obras ilustradas de William Blake, con las que Jung estaba familiarizado, aunque no es seguro cuándo se encontró con ellas por primera vez”

También declara que:
“Hacia el final de la segunda de las tres partes de la obra, titulada
Liber Secundus, Jung escribió: "Debo dar con una pieza de la Edad Media -dentro de mí. Sólo hemos acabado la Edad Media - de los otros. Debo comenzar temprano, en aquel periodo en que murieron los eremitas”. La historia psicológica de la humanidad, tal como Jung la veía, vivía en el alma. En su enfoque el conflicto secular que emergió al comienzo del siglo XVI tubo consecuencias con las que Occidente aún estaba luchando, y había conducido a una separación de la ciencia natural y la religión, que Jung considero que su psicología intentaba resolver. Consiguientemente, después de trabajar en el Liber Novus, Jung pasó las décadas siguientes estudiando la psicología de la alquimia occidental, arguyendo que formaba una contraparte a su psicología del proceso de individuación.”

Más adelante cuenta:
“Izdubar era un nombre antiguo que se le daba a la figura a hora conocida como Gilgamesh., basada en una mala transcripción. Se parece a una ilustración de él en Ausführliches Lexikon der griechischen und römischen Mythologie, de Wilhelm Roscher. Jung analizó la épica de Gilgamesh. en 1912 en Transformaciones y Símbolos de la Libido, usando la forma correcta. Su empleo de la forma más antigua indica aquí que este personaje se relaciona con la figura de la épica, sin ser idéntico a ella. Jung encuentra a Izdubar en una fantasía. Jung le dice que viene del Oeste, y le cuenta a Izdubar acerca de la puesta del sol, la redondez de la tierra y el vacío del espacio interestelar. Izdubar quiere saber de dónde ha obtenido este conocimiento, y si hay una tierra inmortal a la que se dirija el sol para renacer. Jung le dice que viene de un mundo donde ésto es ciencia. Izdubar esta horrorizado al oir que nunca podemos alcanzar el sol y que no puede lograrse la inmortalidad, y se derrumba, envenenado por esta ciencia. Izdubar se pregunta si hay dos tipos de verdad. Jung dice que su verdad viene de las cosas externas, mientras que la verdad de los sacerdotes de Izdubar viene de las cosas internas. Jung enciende una cerilla y le muestra su reloj. Izdubar está sorprendido. Empero Jung le dice que la ciencia occidental no ha hallado un medio contra la muerte. Izdubar pregunta cómo puede vivir Jung con esta ciencia venenosa. Jung dice que se han acostumbrado, y han tenido que tragar el veneno de la ciencia. Izdubar pregunta si tienen Dioses. Jung dice que no, sólo las palabras. Izdubar dice que ellos tampoco ven los Dioses. Jung dice que la ciencia les ha quitado la fe. Jung dice que no puede soportar tal pozo, por lo que ha ido al Este a buscar la luz de la que carecen en el oeste. Jung añora la verdad de Izdubar. Izdubar le dice que tenga cuidado, pues podría quedarse ciego.

En términos del pensamiento de Jung, esta escena dramatiza el encuentro entre lo antiguo y lo moderno, el conflicto entre las verdades de la ciencia y las verdades del mito y la religión, que él esperaba reconciliar en la forma de su psicología.”

Puede consultarse toda la entrevista, picando este enlace


domingo, 13 de septiembre de 2009

James Randi y el desenmascaramiento de los fraudes: astrología,tarot, videncia y demás

James Randi es un famoso y consumado “mago” (en el sentido de “ilusionista”) que, después de haber dominado y triunfado con todo tipo de trucos y de tretas, decidió afrontar el mundo del “esoterismo” y las disciplinas “paranormales”, a fin de verificar si hay algo de verdad en ello. No sólo propuso, a través de la Fundación James Randi, un premio de 1.000.000 de dólares para quien se sometiera a pruebas objetivas y lograra demostrar irrefutablemente su pretensión (ya sea de vidente, de astrólogo, de conexión con “espíritus”, de poderes “paranormales”, etc.), sino que desenmascaró, entre otros, al entonces popular Uri Geller, famoso por doblar tenedores, cucharas y metales con el presunto “poder” de su mente (telekinesis).

Iré añadiendo videos (desgraciadamente sólo en inglés) donde Randi desenmascara a astrólogos y a la astrología ya sea como medio de determinar el carácter, de afrontar las relaciones o de asesoría en finanzas, entre otras cosas. Lo curioso es que pocos astrólogos discutan estos resultados y estén dispuestos a un debate inteligente.

Hace tiempo publiqué una serie de objeciones al best-seller de R. Tarnas, “Cosmos y Psique”, y aunque por ello he sido muy criticado en el ambiente astrológico, nadie -absolutamente nadie- respondió a esas objeciones. La falta de razones, es evidente. Usar la astología como una religión o un dogma, por otra parte, es atentar contra el espíritu mismo que movía a buscar en la astrología algún tipo de "verdad", más que una creencia.



Seguiré publicando más videos de James Randi y sus inteligentes observaciones sobre la la astrología, y su empleo por estafadores, charlatanes e ingenuos

jueves, 16 de julio de 2009

Giegerich: Dialéctica y Negación


No hace mucho tiempo un amigo psiquiatra que vive fuera de España  me consultó por correo electrónico acerca de dos puntos del pensamiento de Giegerich que le resultaban oscuros: el tema de la negación, y la cuestión de la dialéctica. Publico a continuación parte de mi respuesta a su pregunta, porque probablemente ayuden a otros a penetrar en la lógica de una psicología tan audaz como profunda:

“Reconocerás que es más fácil preguntar que responder; y además, como suelo decirles a mis estudiantes, el hecho de poder formular una pregunta no implica que se esté preparado para recibir una respuesta. Esto proviene de algún cuento zen, pero es muy razonable.


No creo que para entender a Giegerich (es decir, a su pensamiento) haya que entender a Corbin sino más bien, y principalmente, hay que conocer bastante a fondo la obra de Hillman (y ésta sí implica leer algo de Corbin) y más aún la de Jung. Fuera de la tradición analítica, también es conveniente conocer el pensamiento de Hegel.


La preparación para recibir respuestas, cuando se trata de un pensamiento tan transparente y, sin embargo, tan arduo, como el de Giegerich, consiste ante todo en la disponibilidad a renunciar a los propios dogmas y convicciones y estar abierto a un real deseo de conocimiento (y no de confirmación de lo que de antemano uno piensa o siente o quiere o defiende).


Por lo que toca a tus preguntas, vamos por parte. Primero la pregunta respecto a lo "negativo".

Negatividad significa en Giegerich lo opuesto a positividad o positivismo o a "hecho positivo" (= hecho empírico, verificable, certificable, real-ahí-afuera es decir: afuera-del-mundo-puramente-lógico, hecho al que puede uno referirse con enunciados "ónticos" o que se pueden señalar con el índice: esta casa, este sentimiento, esta situación, esta persona, esta neurona, este conjunto de neuronas, esta familia, etc. etc. Lo psíquico -este sentimiento, esta emoción, esta reacción, etc.- está tan "fuera" de lo lógico y es tan "positivo" como lo físico.)

Lo "positivo" es lo existente como ente y por tanto percibible y/o sometible a experimentación científica. Lo positivo tiene así caracter "sustancial"

Lo negativo es justamente lo que no existe como ente ni como sustancia (pero no por ello deja de ser real) y por tanto no puede ser directamente verificable, sometible a prueba de laboratorio o apuntable con el índice del sentido común como si fuera una cosa determinada o un conjunto de cosas determinadas)

Giegerich escribe: "Por lo que respecta a positivo y negativo, acaso la idea siguiente pueda poner a la gente en el camino adecuado. En contraste con los seres vivientes o los organismos, es decir, plantas, animales, gente, que tienen una existencia positiva, la "vida" no tiene una existencia positiva; no es una entidad, no es una cosa. No se puede verla ni tocarla ni demostrarla. Existe sólo EN los seres vivos, pero no es idéntica con ellos, porque estos seres pueden morir, es decir, perder su vida. Es (lógicamente) absoluto-negativa: absolutamente negativa, por que no es SIMPLEMENTE nada (antes bien, es una realidad poderosa, sólo que no "positiva"). Se tiene que tener cuidado con no "positivizar" lo que es lógicamente negativo"

Supongo que ese texto te ayudará.


Lo positivo trata así sólo con asuntos de hechos y experiencia (experimentación) y no con lo especulativo y lo teórico. Hechos y experimentos pueden ser explorados por las ciencias positivas. La calificación de "lógico", empero, como en "lógicamente positivo" (o "lógicamente negativo") añade una idea adicional: que las diferentes dimensiones de la realidad se aprehenden diferentemente, y constituyen formas diferentes de verdad, que de este modo son "lógicamente" diferentes.


Otro ejemplo: hablar de lo interior como "lo opuesto" (lo "otro") de lo exterior, es una negación "relativa" (relativa justamente a ese otro). Por ejemplo, el "interior" de esta casa estaría así "contenido" por su exterior. Ese interior es relativo a (y dependiente de, y además en el mismo plano que) lo exterior. Efectivamente, ambos son concebido "espacialmente" y en mutua relación. Y se convierten el uno en otro, como en una tiza: si veo la tiza desde fuera, entonces tiene un dentro. Pero si la parto para ver el "dentro", este dentro se ha vuelto "fuera". Si estoy "dentro" de la casa, entonces su afuera es la calle. Pero si estoy "en" la calle, entonces su "afuera" es dentro de la casa, etc.  En cambio si hablo de una interioridad que no tiene exterioridad alguna, como cuando hablo de ir "más adentro" del argumento, entrar más a fondo en las razones, entonces esta interioridad (lógica) no es la interioridad de ninguna exterioridad (espacial) y es una interioridad absoluta.


Segundo tema: la dialéctica.

Dialéctica proviene de dia-logos, y tiene que ver con logos =enunciado, razón, verdad. Ya Platón hablaba de la dialéctica de las Ideas y del filósofo como el dialéctico: el que opera con ideas.

Hegel habló de la dialéctica como un movimiento "lógico" (nunca físico, mecánico, exterior, nunca entre "entes" o cosas, es decir, nunca "positivo" sino puramente negativo) por el cual toda tesis (toda afirmación, toda enunciación, toda pretensión de verdad, por ejemplo una filosofía) contiene interiormente su "negación", no en el sentido de ser meramente su inversión, sino que la afirmación contiene, sin saberlo, lo que aún "no" ha pensado, y cuando esto se explicita (porque previamente estaba implícito e inadvertido), la posición se niega (ojo, no se deja de lado, sino que se cancela pero también se conserva como momento fundamental del proceso) y surge otra filosofía que negando a la anterior, la contiene como aquello a lo que está respondiendo en un nivel distinto, más complejo. A esto Hegel lo llamó "aufhebung" que suele traducirse como superación y Giegerich traduce como "sublación". Es muy semejante a un proceso alquímico donde el estadio anterior de la materia es superado porque el material cambia a una forma más sutil, distinta, que preserva lo esencial pero ya no es el anterior: el perfume de la rosa “abstraído” en forma de unas pocas gotas de aceite "esencial" ya no es la rosa, y sin embargo contiene su aroma esencializado: esencia de rosa. De ahí que Giegerich vea en la alquimia un pensamiento dialéctico hegeliano avant la lettre. Sublación, superación, es algo semejante a la sublimación alquímica (no a la freudiana, ojo, que sin embargo también arrancia de la expresión alquímica), y a mayor "abs-tracción" (=sacar fuera de) como complejidad, procesamiento, sutilización. La esencia de rosas ha sido, en este sentido, "abstraída" de las rosas concretas.


La dialéctica es "pensamiento que se mueve", que se desarrolla por sí mismo, que contiene su propia dinámica -y no que sea movido desde fuera por un sujeto, lo cual sería forzado y no espontáneo, exterior y no interior al enunciado mismo, a la cuestión misma. Esto sería "retórica" y no "lógica", "representación" y no "especulación", en última instancia una forma de pensamiento que re-presenta (IMAGINA, reproduce, capta exteriormente y espacialmente) y no pensamiento que PIENSA, que penetra lógicamente hasta -y es penetrado por- la dinámica misma de la cuestión. El pensamiento dialéctico consiste así en ir (con el entendimiento) "dentro de ", al interior (lógico) de la cosa en cuestión, entrar en su dinámica lógica. Es pura interioridad (interioridad absoluta). La dialéctica por tanto tiene mucho que ver con "hacer consciente" y entrar lógicamente DENTRO del asunto en cuestión. Esto tiene que ver con la definición que da Giegerich de la psicología como "disciplina de la interioridad". Si no se entra DENTRO (no espacialmente, por supuesto, porque el dentro "espacial" es relativo al fuera: no es lógico, es positivo) no hay pensamiento dialéctico ni tampoco psicología.


La noción de "conflicto" o "crisis", que es choque exterior, oposición de fuerzas, no tiene NADA de dialéctico y sí mucho de mecánico y de positividad. Es choque desde "fuera", como el choque entre dos coches. En cambio la noción importante en la dialéctica es la de NEGACIÓN, que es una noción "lógica" y no física. No se puede "negar" un coche, un relámpago, una silla, un hecho natural, etc. Sólo se puede negar alguna "afirmación" es decir: lo que existe en el ámbito del logos, de la mente, de la razón: un enunciado, que aspira a la verdad, que tiene pretensión de verdad, una idea, una hipótesis, una afirmación, una doctrina, un documento del alma, etc. La negación es por tanto una operación lógica, muy parecida a los procesos "alquímicos" (calcinatio, dissolutio, mortificatio, etc.) que operan sobre la materia prima (el punto de partida, la posición en cuestión) permitiendo que ésta asuma formas más sutiles y complejas, dejando atrás (negando, cancelando pero a la vez preservando) sus estadios previos.



La idea Junguiana de tensión polar, o incluso de choque, entre opuestos está inspirada por la física, la electrónica. Giegerich dice que es "un pensamiento naturalista, positivista. También el punto de vista de Jung es el de un observador EXTERNO: los dos opuestos son concebidos desde afuera como hechos positivos, como dos cosas o fuerzas físicas. Su interacción dinámica y su resultado, la solución (la "resolución del conflicto"), se conciben por tanto como un ACONTECIMIENTO fáctico, irracional, algo que simplemente pasa de un modo u otro. Jung no intenta entrar dentro del proceso y verlo desde dentro en su consistencia interior (en su consistencia lógica, claro, que no es ni irracional ni azarosa). La imaginación física, externa, se pone más claramente en evidencia cuando Jung imagina la experiencia de los opuestos como si el sujeto estuviese entre un yunque y un martillo, o el desgarramiento en direcciones opuestas.

El pensamiento dialéctico de HEGEL, en oposición, procede desde el punto de vista de la interioridad. La "posición" original no es una cosa ni afín a una cosa, sino lingüística, una proposición, una tesis, una idea, es decir, es visto desde el inicio como algo noético (del nous: intelecto, conocimiento), como perteneciente a la mente. Y el proceso continúa también lingüística y racionalmente mediante negación o contraDICCIÓN y conduce a una consecuencia lógica INHERENTE (no a un acontecimiento irracional como el resultado de un conflicto entre fuerzas naturales). Usando como imagen el hecho de que los libros pueden usarse para dos tipos de objetivos fundamentalmente diferentes, es decir: o bien para apretar el papal con cola, o como apoyo bajo una mesa o silla para estabilizarlas, como un arma para arrojar a la cabeza de alguien, etc., o para LEER, en otras palabras, O BIEN como objeto muerto O BIEN como una puerta al mundo mental, la idea de Jung de la confrontación de los opuestos puede compararse con el choque de dos libros cerrados, mientras que el procedimiento dialéctico oera con un libro abierto, es decir, con las ideas que son su contenido, ideas que evocan consecuentemente una contradicción, y así origina un nuevo libro como respuesta, y así sucesivamente" (Dialectics & Analytycal Psychology, pp.7 y ss.)


Todo esto, por supuesto, está incluido en mi curso actual sobre Giegerich, que puede escucharse on-line, creo que lo explico en las primeras clases, digamos la cuarta o la quinta.


Espero haberte sido de ayuda

Enrique”

lunes, 22 de junio de 2009

Alma y espíritu, imaginación y pensamiento


Con ocasión de la lectura de la obra de Wolfgang Giegerich,“Dialéctica y Psicología Analítica. El Seminario El Capitan Canyon , cuyo Epílogo he traducido y publicado en la Web del Centro Enrique Eskenazi con la amable autorización del autor, he creído importante reflexionar sobre la distinción entre “alma” y “espíritu”, de larga trayectoria en la historia occidental. Se ha sugerido que la vinculación de la noción de "espíritu” (pneumanous) con un plano “sobrenatural” no es propio de la tradición clásica griega, sino más bien resultado del pensamiento gnóstico y cristiano. Pero más modernamente la distinción entre alma y espíritu se conecta con la dualidad nietzscheana entre “lo dionisiaco” (alma, vida) y “lo apolíneo” (espíritu). Nietzsche es así el pensador fundamental al que hay que referir hoy esta “dualidad”, y en especial cuando se la entiende como “oposición” o “antagonismo”, tal como se refleja en la obra de Ludwig Klages titulada “El espíritu como adversario del alma” (Der Geist als Widersacher der Seele) o también en la obra de O. Spengler, “La decadencia de Occidente(Der Untergang des Abendlandes) entre otras. 

Ya observaba 
Heidegger en su curso de 1929/30, “Los conceptos fundamentales de la metafísica. Mundo, finitud, soledad” (publicado en castellano por ed. Alianza):

“Esto es sólo una indicación sumaria y formularia de lo que hoy se conoce así, de aquello de lo que se habla, lo que en parte ya se ha vuelto a olvidar, interpretaciones que en parte se toman de segunda y tercera mano y que se han configurado en una imagen global, en eso que por lo demás invade el periodismo superior de nuestra época y que crea el espacio espiritual -si se puede hablar así- en el que nos movemos.... Lo esencial que nos importa es el rasgo fundamental de estas interpretaciones, mejor dicho, la perspectiva desde la que todas ellas ven nuestra situación. Es, dicho a su vez formulariamente, la relación entre vida y espíritu... Estas interpretaciones se remontan todas ellas a esta fuente común, a Nietzsche, y a una determinada concepción de Nietzsche”

Con enorme lucidez detecta Heidegger la raíz de la que emana esta dualidad, y que también encuentra expresión en la obra del psicólogo
 C. G. Jung, fundador de la psicología analítica, y de sus continuadores, como la sizigia anima/animus

Es cierto que el psicoanálisis y la psicología profunda serían inconcebibles sin una determinada interpretación de Nietzsche (y también de Schopenhauer), por mucho que Jung haya intentado desligar su pensamiento de la obra de Nietzsche. En la psicología junguiana la polaridad
anima/animus transparenta el contraste dionisíaco (inconscente)/apolíneo (consciente). Y el sacrificio del intelecto (nous) a favor del alma (la psique concebida como una realidad natural y positiva, en el mismo nivel o status de la realidad del cuerpo, la aspiración de hacer de la psicología un conocimiento “empírico”, lo inconsciente concebido como un "ámbito” independiente de la consciencia, etc.) se manifiesta también en la constitución de la psicología analítica como una especie de “culto” a lo irracional, la fascinación por la sincronicidad, los cuentos de hadas, los mitos, las religiones, y las “señales” de los sueños, empleados como guías para la acción, así como por una religiosidad del sí-mismo (Self) y un aura de secta alrededor del magister dixit (el maestro lo dijo).

Incluso en un revisor tan crítico de la institución junguiana como 
James Hillman, fundador de la psicología arquetipal, pervive la antítesis espíritu/alma expresada como la polaridad “picos y valles”

Por ello resulta refrescante la visión dialéctica propuesta por 
Wolfgang Giegerich que en el citado Epílogo escribe:

“Las posiciones psicológicas no son del todo accesibles a la discusión mientras expresen intereses personalmente investidos: la “psicología que uno tiene”, “que uno es”, “que uno vive. Obviamente hay dos modos posibles de pensar la relación entre estos dos. Un modo... construye la relación como una alternativa, como una elección: alma o espíritu, imagen o idea, valle o pico, anima o animus. Es un pensamiento en términos de alteridad y de exterioridad: uno tiene al otro fuera de sí mismo. Lo que propongo en cambio es una psicología de la interioridad. No hay dos, sino sólo uno, y este “uno” contiene su propio “otro” dentro de sí. El pensamiento no es un otro exterior a la imagen, sino que es el “alma” misma de la imagen: la imagen es, por decirlo de algún modo, la vestidura externa del pensamiento, así como un síntoma psicosomático o una conducta compulsiva (acting out) es la superficie externa de una imagen que permanece más o menos completamente oculta dentro de lo que manifiesta explícitamente. El espíritu, en mi sentido, no es algo que exija dejar atrás el valle de hacer-alma a fin de escalar al aire enrarecido de los picos de las montañas; para expresarlo en imágenes alquímicas, es más bien el espíritu mercurial aprisionado en la materia imaginal (o la materia de la imaginación); anima y animus no coexisten lado a lado como hermana y hermano, ni como dos oponentes, sino que el anima tiene dentro de sí al animus como a su propio "Barbazul asesino" o "Hades violador".
La referencia a “Barbazul” y “asesinato” o “Hades” y “violación” es importante, porque decisivamente la relación entre el alma (o la imagen) y el pensamiento no es inofensiva. Efectivamente, el pensamiento priva a la imagen de su inocencia virginal. El uno es la negación de la otra. No obstante: la cuestión es que esta violencia no se le hace a la imagen (o alma) por un otro externo, sino que proviene de su interior, y como su propio telos.
Aquí todo depende de si pensamos este “interior” o si meramente lo imaginamos pictóricamente. En este último caso no habremos progresado realmente más allá de la visión externa, pues hasta el “interior” puede aún imaginarse en términos de una oposición externa; basta pensar en la peligrosa bacteria o en los virus que están muy dentro de nuestros cuerpos, pero sin embargo son tan enemigos como las amenazas del exterior.
¿Cómo “mata” el “pensamiento” la inocencia de la imagen desde dentro de la imagen misma y por tanto como el propio hacer de la imagen? ¿Cómo puede ser el animus el “asesino” del anima y sin embargo no ser externo a ella, sino su propio “sujeto” (self) interior? La respuesta está en la noción de “auto-aplicación” de la que hice uso en la discusión del cuento de la montaña de cristal.
Tal como lo veo, el problema con la psicología imaginal es que se detiene a mitad de camino. Meramente contempla, atiende y aprecia la imagen ante sí misma. Así, lleva la imagen ante sí como un ostensorio (la vasija preciosa en el catolicismo romano sobre la cual el sacerdote sostiene la hostia consagrada para adoración), preservando así tanto en ella como para sí la impecabilidad e inmediatez. Paradójicamente, precisamente al “adorar” la imagen de este modo, por así decir, la psicología imaginal no la toma del todo en serio. La mente imaginadora se reserva. A fin de hacer plena justicia a la imagen tenemos que recorrer todo el camino, en lugar de sostener tiernamente la imagen ante nosotros, manteniendo siempre la diferencia y la distancia entre la conciencia y la imagen como un objeto o contenido de conciencia. Tenemos que ser realmente serios al respecto de la imagen y pasar a través de ella: aplicar aquello acerca de lo que es (lo que su mensaje interior es) a ella misma. Tiene que tomar su propia medicina, y desea, añora, tomar su propia medicina, porque sólo de este modo puede hallar su culminación. Mientras que un ostensorio es como un libro cerrado, no leído, aunque sagrado, la imagen que ha sido aplicada a sí misma o que ha retornado a sí misma es como un libro que ha sido leído.
La imagen nos necesita a fin de que se la pueda pensar. Debemos acudir a ella, penetrar “el ostensorio” que era al principio. Pero al ser pensada por nosotros se piensa a sí misma. Ynosotros necesitamos la imagen, necesitamos pensarla, porque sólo en nuestro trabajo con ella y pensándola puede la mente destilarse, sublimarse, refinarse.
Semánticamente, la mente que imagina no tiene problema sosteniendo imágenes horribles como las de Hades violando a Kore o de Barbazul asesinando a sus esposas, imágenes en las que un opuesto en verdad retorna cruelmente al otro. Pero la mente imaginadora deja fuera elacontecimiento de la negación, que es el contenido de esas imágenes, como contenidosemántico de la imagen. Congela y detiene en el nivel semántico el auto-movimiento de la imagen en la imagen. Dentro de la imagen, él, Hades, le hace algo a ella, Kore. Pero ahí se detiene la mente imaginadora. No permite que el contenido de la imagen (la negación de la inocencia virginal) retorne a la forma imaginal de la imagen misma y, lo que es lo mismo, a laforma lógica de consciencia, al imaginar inocentemente la imagen de la mente, al “continuar soñando el mito”
Por consiguiente, cuando la mente imaginadora quiere pensar la relación del alma y el pensamiento como tal, es decir, la propia sintaxis de la mente, lo que era verdad dentro de la imagen aquí ya no lo es más. En lugar de experimentar (padecer) la negación, la putrefacción de su propio otro interno sobre sí desde dentro, esta mente recurre a una imaginación espacial en términos de extensio cartesiana a fin de imaginar la relación entre alma y pensamiento; por ejemplo las imágenes esencialmente inmóviles de picos y valles, dos sitios separados en una geografía imaginal. De este modo uno y otra son mantenidos a distancia por definición, y por tanto eternamente, excluyendo absolutamente una coniunctio o un obrar del uno sobre la otra. Y además, la mente imaginativa se posiciona en los valles, sólo un lado de su propia alternativa completa. Mediante esta unilateralidad invierte la relación: expele (“extra-vierte”) aquello que efectivamente es su propio otro interior, pero activo-subversivo, su propia “alma”, de modo que este último ahora aparece como un otro exterior al lado de sí, ahí fuera, ahí arriba; a su vez, habiéndose liberado de su otro interno y así de su propia vestimenta o personaje en la superficie, se siente plenamente independiente por propio derecho y completa ya tal como es; y ahora se hace cargo ella misma de la actividad negadora (de la cual debía ser destinataria) y la actúa compulsivamente (acts out) sobre el otro lado externalizado de su propia alternativa (que normalmente hubiera sido conversamente su propio agente de corrupción-fermentación) dejándolo simplemente fuera y lejos, como si no tuviera interés.
Dicho de otro modo: sólo porque se ha posicionado unilateralmente en los valles tiene también que imaginarse la relación entre alma y pensamiento, plantearla como una diferencia externa y estática en términos espaciales. La imaginación es extrínsecamente “extravertida” (en un sentido psicológico, no personalista). Y en tanto la mente tome como su horizonte esa imaginación, entonces tiene que escoger: o bien valle o bien picos, o bien hacer-alma o bien altivas aspiraciones espirituales (donde ambos, incluso el camino espiritual, son igualmente criaturas de la colocación del anima desde el valle; después de todo es el anima la que sentimental e insensatamente concibe al espíritu como "altiva espiritualidad". Así es como el anima imagina a su otro. Y quienes practican este tipo de espiritualidad, lo hacen sobre la base de una posición anima, sólo que intentan, dentro de la mentalidad anima, elevarse por encima del valle del anima. Pero el punto de vista del anima no tiene ni idea de lo que es el verdadero otro del anima, el espíritu concreto, “espíritu absoluto”, espíritu absuelto de la oposición de pico y valle; espíritu como alma mercurial de toda realidad).

Tener que escoger es el problema del anima. No se puede estar en dos topoi (sitios) de la geografía imaginal a la vez. La unidad de sizigia (la unidad de unidad y diferencia) de imagen e idea,anima y animus, no puede ser imaginada, ni tampoco la interioridad del alma; como Moisés, la imaginación permanece necesariamente fuera de la Tierra Prometida. El hecho de que la imaginación qua imaginación tenga que imaginarse la relación como una alternativa (por ejemplo, pico versus valle) meramente refleja la deficiencia inherente al modo mismo del imaginar. A través de su deficiencia, la imaginación señala más allá de sí misma.
De este modo la mente imaginadora trata de asegurar su propia inocencia y de preservar la imagen (sin tomar en cuenta cuán “violenta” la coniunctio pueda ser semánticamente, de cara al contenido) en el status de una especie de “ostensorio”. La psicología imaginal, a sabiendas o no, insiste en ser una psicología “sólo anima”. Pero como psicología sólo-anima es paradójicamente un tipo (ciertamente diferente) de psicología del ego o personalista: lapersona empírica practica la imaginación animada, “hacer alma” como su propia acción (suacting out), de modo que la mente del alma misma, su constitución lógica, huye indemne y no tiene que er-innern (interiorizar) el mensaje mismo de las imágenes que abriga, no tiene que dejar que su contenido retorne a la forma imaginal. Aquí, en el reino de su “sintaxis”, el alma permanece para siempre Kore, deleitándose en las flores de lo imaginal. Nunca se transforma en Perséfone. Citando a Hegel, “la Belleza Impotente detesta al Entendimiento por exigir de ella lo que ella no puede hacer”.
La imagen anímica merece más y mejor.”