domingo, 29 de agosto de 2010

El cristianismo como fenómeno psicológico

En la psicología profunda la problemática del cristianismo siempre ha sido importante: ya Freud afirmó que el judaísmo es la religión del Padre y el cristianismo es la religión del Hijo. La relación padre-hijo con su idea del "parricidio", puede así transladarse al plano de las religiones, siendo la religión un tema que fascinó críticamente al gran psicoanalista vienés, y que lo trató en distintas obras: Totem y Tabú, El porvenir de una ilusión,Moisés y el monoteísmo.

Para C. G. Jung el tema del cristianismo es esencial. Por ello escribió: “Mi problema es luchar con el gran mostruo del pasado histórico, la gran serpiente de los siglos... la carga histórica que el cristianismo nos ha echado encima... Hay personas que se preocupan por la gran batalla entre el presente y el pasado o el futuro. Es un problema humano tremendo. Algunos enfrentan la historia , mientras otros se construyen una casita en las afueras”.
Jung intentó con su psicología profunda compensar lo que el veía como “la unilateralidad” del Cristianismo (intentando rescatar lo femenino, lo sombrío, lo material, incluso lo demoníaco del excesivo dominio "patriarcal", para lograr una integración de todas las facetas del alma)

En la obra James Hillman se intenta retornar a un politeísmo psicológico (descentralismo de la psique) y cuestionar el mono-centrismo cristiano: las ideas de salvación, renacimiento, de lucha con el Hades (el submundo). Así, escribió: “En mi intimidad, temo al inconsciente cristiano porque, a diferencia del budismo o incluso el judaísmo, el cristianismo vive mitos deliberadamente, insistiendo en que no son mitos, y esto tiene terribles consecuencias paranoicas”, y también: “El alma ingresa sólo vía síntomas, vía fenómenos marginados como la imaginación de los artistas o la alquimia o los “primitivos” y, por supuesto, disfrazada como psicopatología. Eso es lo que quería decir Jung cuando afirmó que los Dioses se han vuelto enfermedades: el único camino de regreso para ellos, en un mundo cristiano, es vía lo marginado”.

W. Giegerich ve en cambio en el cristianismo como
“la auto- expresión, la auto- articulación de aspectos del alma”, y como “una realidad espiritual transpersonal y una fuerza histórica que se realiza en la historia de Occidente, una realidada objetiva independiente, a la que los seres humanos nos hallamos expuestos de un modo u otro”. Partiendo del motivo básico del cristianismo -la encarnación del logos, el vaciamento (kenôsis) en Cristo de la divinidad a fin de volverse hombre- la tecnología es entendida como una forma de consumación del Cristianismo, y no como algo opuesto a su espíritu. Al contrario, el ímpetu del cristianismo se realizaría necesariamente en la superación de la naturaleza, en la tecnología y la transformación de lo natural en lógico, y por ello sería un proceso fundamental de transformación de la sintaxis del alma misma, el salto a un plano inédito de la conciencia y del modo de ser en el mundo.

A lo largo del curso, que tendrá lugar todos los miércoles a las 20:00 hs se leerán y comentarán dos artículos fundamentales de Giegerich: “El descuido patriarcal del principio femenino. Una falacia psicológica de Jung” y “¡Dios no debe morir! La tesis de C. G. Jung de la unilateralidad del cristianismo”

jueves, 26 de agosto de 2010

La proposición especulativa y la cosa del pensar


Por Enrique Eskenazi


Transcripción por Alejandro Bica de un fragmento del curso Hegel y la Psico-Logía. Una lectura psico-lógica de la fenomenología del espíritu.



Dialéctica viene de diálogo. Un logos, que es un enunciado, ha de generar otro. Un enunciado especulativo no es el rejunte de frases pegadas como hace el pensamiento común, que cree decir cuando sólo reúne información, añade retazos de aquí y de allí y los cose. No. Un enunciado, si se lo desarrolla, contiene su propio otro en su interior, y así, al desplegarlo, surge otro enunciado. No como un añadido, sino como la explicitación y el desplieguee del primero. Pero al explicitarlo entra en conflicto con el anterior, y ese conflicto hace emerger así un nuevo enunciado que, en su propio desarrollo ya contiene recordados (Erinnert, interiorizados) a los anteriores.


Un enunciado especulativo no es simplemente una frase, sino el desarrollo de varios enunciados de un pensamiento que se autodespliega progresivamente; mientras que los enunciados comunes se dan por acabados, son frases que se van acumulando sin desplegar ningún concepto, ninguna noción, carecen de vida lógica precisamente porque son un rejunte de información. Ahí no está la verdad, pero ni siquiera la falsedad: ahí no hay nada de nada. Es como los periódicos, que sirven al día siguiente como papel para encender la chimenea, porque pasado su momento no tienen nada que permanezca, no contienen ninguna idea. La información no es en absoluto pensamiento, y menos aún pensamiento especulativo.


De ahí que Hegel escriba: “La exposición deberá, ateniéndose fielmente a la penetración en la naturaleza de lo especulativo, mantener la forma dialéctica y no incluir en ella nada que no haya sido concebido ni sea concepto”. (Fenomenología del espíritu)


Otra vez volvemos a la famosa frase de Jung, retomada sistemáticamente por Giegerich: “Por encima de todo, no permitáis que nada del exterior que no le pertenece se entrometa, pues la imagen de la fantasía tiene ‘todo lo que necesita’ dentro suyo”. (CW 14, II § 404)


En el enunciado especulativo no se trata de sumar y pegotear, sino de que se despliegue lo que en él mismo ya está contenido, que se despliegue su propia vida lógica; en cambio el enunciado común no es más que información muerta que se presenta como acabada. En el enunciado especulativo nada ha venido de fuera, todo lo que ha entrado se ha derivado de su propio concepto.


Esto es pensar. Pensar no es simplemente comerse el coco, hacer abstracciones, o hacer fórmulas o aplicar esquemas. Pensar es amar tanto a la cosa misma como para seguirla en su desarrollo, seguirla en sus contradicciones, atenerse de tal modo al tema que no haga falta que nada venga desde fuera del tema. ¿Pero quién tiene esa atención hoy, cuando vivimos en una época de “trastornos de atención" colectivos, donde si no te entretienes tienes que cambiar a otro canal, donde la publicidad cada vez más salvaje tiene que emocionar mucho (proporcionar "subidones") para mantener la atención: más violencia, más música, más efectos, más espectáculo- porque sino la atención disminuye, tanto que si no se la cautiva con efectos añadididos se revelaría la vaciedad del contenido? Justamente porque no hay atención al tema, como diría Heidegger: "no pensamos todavía", vivimos en un mundo de contenidos muertos y vacíos que sólo "avivan" y resultan excitantes por una cantidad de grandes trucos y técnicas que puedan cautivar la atención. Y ese no-pensamiento en forma de clip musical está invadiéndolo todo -la literatura, la prensa, el cine, etc.-, un síntoma de lo que está pasando: la huida colectiva ante el pensamiento.


Hegel reconoce que sin atención no hay nada. Sin poner amorosamente la atención en lo que sea, no hay absolutamente nada. ¿Pero quién pone la atención, si lo usual es saltar como una langosta de aquí para allá sin detenerse en ningún tema? La vida está hecha de interrupciones continuas, y las aceptamos implacablemente en nuestra existencia como si la interrupción ya no fuera una interrupción, sino más bien como si la interrupción fuera la verdad, cuando de hecho es manifestación de huida a un mundo donde pueda haber verdad; es la instalación en un mundo absolutamente desprovisto de verdad: pura virtualidad. Esto ya lo ve Hegel mucho antes de que existiera de hecho el ciberespacio y la publicidad y la industria del espectáculo y los demás fenómenos de la sociedad mediática. Hegel sustenta y propone, en cambio, un pensamiento que resista todo esto, y con ello también está expresando un estilo de estar en el mundo que ya no es el nuestro. Aunque el hecho de que ustedes puedan entender lo que dice Hegel hace pensar que, a pesar de todo el ruido y el espectáculo, hay algo aún en el ser humano que puede saber la diferencia, que aunque no pueda mantenerse fiel a ella, sí que puede reconocer la diferencia, e incluso puede sostenerla. ¿Pero permanecerá eso o desaparecerá? ¿Qué pasará cuando ya no se recuerde la diferencia?


sábado, 21 de agosto de 2010

El pensamiento exterior


Por Enrique Eskenazi



El pensamiento exterior no consiste realmente en pensar, sino en danzar en torno a las cosas a fin de demostrar lo que uno ya sabe de antemano, es elegir posibles caminos para llegar a una meta pre-sabida (ni siquiera puede decirse "preconcebida", ya que tampoco ha habido en ningún caso una concepción -una previa generación conceptual- sino que el concepto, que es característico del pensamiento que "entra" en la cosa misma, brilla por su ausencia) -lo cual es muy distinto de dejarse enseñar por el tema mismo, entrar en el tema con pasión y desapego, penetrar y a la vez ser penetrado en su lógica y dejarse sorprender por lo que se deriva de la lógica viviente del tema mismo.

El pensamiento exterior consiste en jugar con un tema para llegar, como orador, adonde uno ya sabe de antemano que quiere llegar, puede sorprenderse al auditorio e incluso puede hacer conexiones verdaderas: tomar este tema, vincularlo con que en la mitología se asociaba con este otro, vincularlo con un filósofo que hablaba del tema, para finalmente producir el resultado previamente deseado, y tal vez todo eso sea verdad; pero el sujeto mismo de la prueba está afuera, y fuera de ella permanece intacto, intocado, por el tema mismo, y por ello incluso puede saber adónde ha de llegar aún antes de "estudiar" el tema mismo.

Esto es artificial, y también superficial: puede ser muy persuasivo y muy bello retóricamente, pero se usa al tema como un mero pretexto a fin de lucir la destreza del orador, del sujeto, mientras que el tema en sí no ha sido desarrollado, no se ha permitido que se desarrolle por sí mismo, sino que se le han añadido otros temas afines, se le ha asociado con muchos otros tópicos, sin que el tema por sí mismo se asociara, no: es que el orador, el sujeto, ha tomado este tema y lo ha vinculado con éste otro y con aquel otro y con otro más. El sujeto está así siempre "fuera" del tema, manipulándolo y jugando con él, sin ningún compromiso, sin dejarse definir por el tema, como diría Giegerich: sin exponerse sin reservas e incondicionalmente.

Al hacer todo eso no ha confiado, o tal vez ni siquiera ha sospechado, que el tema mismo tiene su propia intención, que atendiendo al corazón lógico del tema éste despliega su telos, su propio qué; pero naturalmente, esto significaría que el sujeto se sometiera al tema de modo que ninguna pasión ni interés personal obstruya el amor por el tema mismo. Pero si yo creo que atender al tema mismo me puede llevar a ideologías que de antemano no me gustan, y quiero que se llegue a la ideología que yo quiero (defender o vender), entonces nunca entraré en el tema, ni me permitiré hacerlo, porque o bien creo que el tema está muerto en sí mismo, o porque lo que quiero es usar este tema para defender algún tipo de programa, lo que en inglés se dice agenda. Puesto que acaso el tema dejado a sí no lleve a estas cosas que previamente ya quiero defender, y como no puedo saber adónde lleva sin penetrar en él, no hay disponibilidad en mí como sujeto a entrar en el tema, sino que por la misma actitud se permanece siempre ya ajeno a él, exterior, y por ello mismo externo.

Entrar en el tema es confiar en la cuestión misma (la cosa misma), lo cual supone abrirse al corazón lógico del tema, lo que implica ser inteligente, sí, pero confiar más en la inteligencia del tema que en las propias pre-cauciones; de lo contrario hay, o un pensamiento externo que disecciona un tema sin que el tema se transforme en nada por sí mismo, o (y esto también es frecuente) hay ideología y no propiamente pensamiento riguroso que supone siempre un compromiso con la verdad del tema, sea ésta la que sea.

lunes, 16 de agosto de 2010

Negación dialéctica y refutación




Cuando la refutación es a fondo se deriva del mismo principio y se desarrolla a base de él, y no se monta desde fuera, mediante aseveraciones y ocurrencias contrapuestas. La refutación deberá ser, pues, en rigor, el desarrollo del mismo principio refutado, complementando sus deficiencias, pues de otro modo la refutación se equivocará acerca de sí misma y tendrá en cuenta solamente su acción negativa, sin cobrar conciencia del progreso que ella representa y de su resultado, atendiendo también al aspecto positivo. (Fenomenología del espíritu, G. W. F. Hegel.)

El principio siempre es frágil, pero refutar al principio, desde afuera, creyendo que así se desmonta el pensamiento, no es una verdadera refutación. Refutar ese origen, ese primer pensamiento tosco, es negarlo, y por lo tanto darle aún más forma y, en el fondo, es también desarrollarlo, porque negar es poner en movimiento aquello que se niega. Cuando la negación es externa, pretende tirar por la borda lo negado, pero una negación dialéctica, interna, es la que entiende lo que en ese principio se quiso decir y pone así en evidencia sus carencias, y por lo tanto estas carencias permiten que el principio se desarrolle. El pensamiento real, interior, nunca se sale de sí mismo. La refutación externa, que dice “ah, tiene fallos, lo tiro por la borda”, no ha comprendido el papel positivo de toda negación.

Toda negación contribuye al despliegue, y no hay despliegue sin negación, como no hay vida sin muerte, y si no muere entonces esa forma no se puede desarrollar. Refutar el principio es mostrar que aún no está desarrollado. Por eso la filosofía, según Hegel, no es sólo un sistema sino el conjunto de los pensamientos que han sido negados y por lo tanto desarrollados ulteriormente y con mayor profundidad en diversos sistemas. El sistema es, así, un sistema de sistemas. La historia del pensamiento es una continua transformación a base de negaciones, y las negaciones forman parte esencial -dialéctica- del proceso mismo. Esta es la vida lógica de la que tanto habla Giegerich. El pensamiento común cree que refutar es mirar para otro lado y decir que “como ya no sirve, lo tiro, lo doy por eliminado”. Pero lo que está mostrando Hegel es que una verdadera refutación es el desarrollo del mismo principio, la cual refutación, apareciendo como negativa, hace una obra positiva porque permite desarrollar lo que en el principio estaba en sí, implícito, sacándolo afuera y por lo tanto exteriorizándolo, y así promoviendo un desarrollo, un crecimiento, una explicitación, el volverse de en sí en para sí, reflexión y reflejo y autoconsciencia.

La refutación está contenida de modo implíicito en el principio mismo, sólo que el principio no lo sabe, y la refutación no hace más que exteriorizar, y por lo tanto desarrollar, lo que en el principio estaba contenido de modo inadvertido, inconscientemente. Así es como Hegel ve las cosas, y nos muestra que se pueden ver así cuando uno no piensa estáticamente, de modo puramente formal, sino que piensa dialécticamente.

La obra de un gran pensador incita a que otro pensador responda mostrando sus deficiencias, y esto permite que aquel pensamiento no muera, sino que se desarrolle, y así el pensamiento se irá moviendo, cobrando cuerpo, manifestando su riqueza que estaba contenida en sí, implícita, en el primer sistema, en el primer pensamiento. A través de todas las filosofías, dirá Hegel, sólo hay un pensamiento, que no le pertenece a nadie -aunque se exprese a tavés de éste o aquel pensador- y que es el mismo pensamiento el cual, a través de todos estos pensadores, se va desplegando a sí mismo. Por lo tanto, esto de pensar que un sistema tira por la borda o aniquila a otro es no ver que son partes necesarias de la lucha del espíritu por tomar su propia forma, manifestación de lo que Hegel llamó "la labor (el parto, el esfuerzo, el dar a luz) del concepto". Lo verdadero es el todo. Lo verdadero no está ni en el principio, ni en el desarrollo, sino que está en todo (en el camino y en la meta a la que se llega, la cual incluye el camino como su propio desarrollo), y cada parte sólo tiene sentido como parte del todo. Pero abstraída, tomada aisladamente, la parte está muerta, está en formol, está conservada y etiquetada para los tele-adictos del pensamiento, está para los consumidores de cultura, está para los turistas de la filosofía, pero no está presente el espíritu, sino como la cáscara muerta -pues la serpiente abandonó la piel y ahora está en otra parte. Platón sigue vivo pero bajo otra forma. Ese Platón que reproduces literalmente y que crees que abstraído es realmente el pensamiento de Platón, en realidad es la piel muerta de una serpiente que ahora tiene otra piel, pero que no tendría la piel que ahora tiene de no haber pasado por ahí.

De ahí que Heidegger escriba:

Nunca será posible superar a un pensador refutándolo y amontonando en torno a él una literatura refutatoria. Lo pensado por un pensador solamente puede superarse reduciendo lo impensado de su pensamiento a una verdad esencial. (¿Qué significa pensar? Martin Heidegger.)

sábado, 14 de agosto de 2010

Reflexiones sobre el alma


He aquí una clase del curso “Reflexiones sobre el alma”, la clase correspondiente al 21 de mayo de 2008, en la cual se trataron temas como la psicología imaginal de Hillman, el alma no como sustancia sino como negatividad, la psicología de Wolfgang Giegerich: la importancia de pensar y de las ideas, no como imágenes sino como "conceptos" que "se hacen" al ser concebidos. El alma "se hace", no "es". El alma no es un objeto sino un discurso que sólo es en la medida en que se discurre.
La sustancialización del “alma” inevitablemente recae en la positividad, y por tanto en el positivismo, por mucho que se reniegue de él.
Puede escucharse la clase picando aquí.

sábado, 31 de julio de 2010

¿Cómo puede ser?


¿Cómo puede ser que un escritor como Punset tenga tantos seguidores? Puede ser, en tanto que es expresión de “la lógica imperante en nuestra era”. Y así es que muchísimas personas comulgan con enunciados tan superficiales y tan ideológicos, (para sólo citar algunas “perlas”), como:

“El alma está en el cerebro”

En este enunciado, aparentemente simple, pervive el dualismo cartesiano entreres cogitans (alma, psique, consciencia, mente) yres extensa (materia, physis, organismo, cuerpo). Los intentos históricos por "resolverlo" han abarcado tanto la negación de un lado (por ejemplo: la negación de lo físico y lo material como ilusorio o como "epifenómeno" de lo anímico) o del otro (la negación de lo mental, de lo psíquico como ilusorio o como "epifenómeno" de lo físico/orgánico), o los intentos por ver su "interconexión". Punset, en su enunciado, apoya la reducción de lo anímico a lo orgánico, aunque sin embargo mantiene ambiguamente la tensión, al hablar aún de "el alma". "El alma está en el cerebro" podría leerse como "no hay alma, sino cerebro", ya que si el alma se define como "inextenso" sería absurdo tratar de averiguar "adónde " (en qué espacio físico) está lo inespacial.
Naturalmente, ante los problemas abiertos por el dualismo cartesiano caben otras opciones más sofisticadas (y por tanto menos "populares"), como el cuestionamento del planteo básico que hace posible tal dualismo, cosa que puede encontrarse por ejemplo en Kant o, con mayor profundidad, en Hegel, por no mencionar las más audaces y originales respuestas de la psicología moderna tal como se expresa en el pensamiento de James Hillman o de Wolfgang Giegerich. Pero Hillman o Giegerich se inscriben en esa perspectiva que afirma que "el alma" no es un hecho ni una suma de hechos y "no existe" (no es biología, no es química, no es física, no es sociología, no es política, etc.) para una perspectiva positivista y/o literal.


Ahora podemos descubrir cómo funciona un cerebro locamente enamorado”

La expresión "cerebro enamorado" es sintácticamente incorrecta: una persona puede enamorarse, sin duda. Pero ¿un cerebro, un riñón o un fémur? Cuando el lenguaje corriente se usa más allá de sus límites, se producen estos sinsentidos: "mi cerebro está enamorado de tu cerebro", en lugar de "estoy enamorado de tí", o "mi cerebro desea tu cerebro" en lugar de "te deseo". Al menos es gracioso, cuando no francamente ridículo. Pero al margen de estos errores sintácticos, es muy claro que el interés de Punset y su enfoque sólo apuntan a "cómo funciona" (funcionalismo, instrumentalismo) y no tanto a "qué significa" -es decir: qué ES- el enamoramiento, por ejemplo. Tratar de comprender cómo funciona algo no es lo mismo que averiguar qué sea algo, sino que más bien lo da ya por supuesto, por sabido. Presuposición enormemente peligrosa e ideológica.


“Willis afirmaba que la memoria, la capacidad de aprendizaje y las emociones eran en realidad producto de los “átomos” del cerebro, de la química. Nadie había pensado eso antes. Claro, hoy en día todos pensamos así, lo damos por sentado”


Ciertamente, hoy no todos pensamos así. La retórica de Punset recuerda inevitablemente la huída ante el pensamiento y "el último de los hombres", tal como lo describe Nietzsche en su “Así hablaba Zaratustra”: “La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive. “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean. Enfermar y desconfiar considéranlo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres! Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable..“En otro tiempo todo el mundo desvariaba” - dicen los más sutiles, y parpadean. Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia - de lo contrario, ello estropea el estómago. La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.” (El subrayado es mío)



“el cerebro es física y química, pero las consecuencias de esos procesos físico-químicos son las ideas´


Con esta afirmación Punset, el pionero del “progreso”, no hace sino repetir enunciados típicos del materialismo iluminista del siglo XVIII (Cabanis: “El pensamiento es una secreción del cerebro”) y del siglo XIX (Moleschott o Vogt: “El cerebro segrega pensamientos como el hígado la bilis y los riñones la orina”). Ya Feuerbach (también materialista, si bien más sutil) objetaba en pleno siglo XIX que, si bien el cerebro interviene en la formación de ideas, no puede servir de base para explicar la diferencia entre unas ideas y otras y, sobre todo, respecto a la verdad o falsedad de las ideas. De ahí que la conciencia sea irreductible a explicaciones meramente funcionales.


“en el cerebro, el amor y el odio se parecen mucho. De hecho, si se analizan los ciclos cardiacos de una persona, no se puede apreciar la diferencia entre si una persona acaba de matar a otra o ha tenido un orgasmo”


Esta quizás sea la mejor prueba de que el “análisis de los ciclos cardíacos” -como cualquier otro enfoque cuantitativo- no puede dar cuenta de algocualitativamentetan diferente como un asesinato o un orgasmo. Pero claro, esto se omite alegremente. Como se omite que “el alma” pueda vincularse con la cualidad y no con la cantidad: lo importante no es cómo se produjo un sueño, sino “el contenido” de ese sueño. La cadidad, algo inapreciable cuantitativamente ni positivamente que, como bien escribe Giegerich, escapa “al campo de concentración (actualmente sublimado) de un pensamiento en términos de control, que rige sobre toda la lógica de nuestra era. Pero ésto es precisamente lo que nos exige el enfoque junguiano en la terapia: encontrar a cada persona, y de hecho a cada momento, en su singularidad; en otras palabras, fuera de ese campo de concentración: soltarnos -sin redes lógicas de seguridad- en la frescura y novedad de cada momento presente y en la subjetividad atómica de nosotros mismos- a fin de descubrir en ello, sólo en ello, nuestra verdadera humanidad universal”.


La belleza es la ausencia de dolor de la misma manera que la felicidad es la ausencia del miedo. Somos lo que somos, en gran parte, porque la belleza es un predictor excelso de la salud, nos da la medida de cómo estamos”

La reducción de la belleza y la felicidad a experiencias subjetivas (como ausencia de dolor o ausencia de miedo) muestra hasta qué punto lo esencialmente cualitativo es reducido a mecanismos mensurables. Pocos artistas y poquísimos estudiosos de la ética estarán de acuerdo con estas simplificaciones aplanadoras, propias del utilitarismo más primario. Que la belleza sea equiparada a un analgésico (ausencia de dolor) y la felicidad a un tranquilizante (ausencia de miedo) , son síntomas característicos del proceso de control e instrumentación de una psicología que se ha vuelta “ciencia natural”, es decir que traiciona a su propio nombre: psique como alma y logos como comprensión.

Increíble pero cierto: la superficialidad y el positivismo rampante de estas afirmaciones típicas de Punset son aceptados sin más ni más como expresiones de “sabiduría”. Esta es “la noche y la tormenta” en la cual unos pocos protegen esa “pequeña luz” que aún subsiste vacilantemente: la profundidad de una psicología “con alma” como algo totalmente ajeno a la cuantificación de hechos y su manipulación, instrumentación y control. No hay que olvidar que la lógica de nuestro tiempo se realiza a través de los cuatro valores fundamentales (presentes todos en el horizonte de Punset): información (sustituyendo al conocimiento), eficiencia técnica, espectáculo (sensaciones, intensas experiencias emocionales, incluyendo "subidones") y ganancia rápida. Como dice Giegerich en "La Vida Lógica del Alma": son los cuatros modos por medio de los cuales se realiza el proyecto supremo de nuestro tiempo, el de establecer una existencia absolutamente libre de toda verdad = Ciberespacio")

sábado, 17 de julio de 2010

Neurosis

Fragmento extraído del curso “Reflexiones sobre el alma” dado por Enrique Eskenazi en 2008
Transcripción de Ale Bica


Jung pensaba que cada complejo, cada frustración, cada cosa reprimida, no sólo es reprimir una idea y un sentimiento sino que junto con ello una cantidad de energía vital (o energía psíquica) enganchada a eso. Por eso unas amigas que son psicólogas tienden a decir, un poco en broma pero un poco en serio, que la patología atonta. Tener que vivir lleno de síntomas es tener que vivir con muy poca libertad de vida porque estás esclavizado a los síntomas, que implican no sólo la preocupación por el síntoma sino la falta de vitalidad, la falta de atención, todo eso es energía, pero no está, está ahí enganchada en reavivar esas zonas reprimidas que desde lo inconsciente generan síntomas. Y no es tan fácil liberar. Liberar quiere decir que tiene que cambiar la actitud de la persona, desreprimir algo es tener que vivir afrontando, y por lo tanto con un cambio de autodefinición, lo que antes con un síntoma me permitía vivir como si yo no tuviera nada que ver con eso. Desreprimir es tener que afrontar conscientemente: soy aquello que estaba negado. No es simplemente como que saco una moneda que estaba escondida y la pongo adelante, no, desreprimir es que pasa de la trastienda al frente y se vive con ello y se afronta, y se muestra, claro. No será el mismo sujeto el que vive con una represión que aquél en el que la represión no está, será otro.

Imaginémonos, en esta época no, pero en otros tiempos, un homosexual reprimido, que ni siquiera sabe que es homosexual, no lo puede afrontar, lo sabe sin saber, ésa es la característica de lo inconsciente; la característica de lo reprimido no es que no lo sabes, sí es cierto que no lo sabes, pero hay algo en ti que lo sabe pero tú no lo quieres saber, no es lo mismo que no saber que hay un planeta que todavía no se descubrió, supongamos que mañana se descubre un nuevo planeta, no lo sabíamos, sí, pero eso no estaba reprimido, no lo sabíamos ni lo podíamos saber, pero el no saber de lo reprimido es un no saber donde sin embargo algo en ti sí lo sabe, tanto que cuando se desreprime la reacción siempre es ‘si yo en el fondo ya lo sabía’, siempre, nunca es una novedad, nunca es como ¡ay!, apareció un planeta que no había, no, no, emergió algo que de alguna manera sin saberlo lo sabíamos. Pero imaginemos alguien que trata de vivir ante sí y ante los demás como un heterosexual pero evidentemente con serias mermas. Finalmente a partir de culpas mantiene una relación, más o menos aparente, insatisfactoria sin duda, pero que se puede explicar de mil maneras: esta noche estoy cansado, mañana he tenido un mal rollo en el trabajo, etc., y así va pasando el tiempo para rendir lo menos posible, normal, sin deseo es muy difícil, ¿verdad? Finalmente, contra su voluntad, tiene algunos escarceos, que no se tienen que saber porque dañarían su imagen, con lo cual empieza primero el intento de vivir de acuerdo a lo que no es y segundo a la culpa de verse arrastrado en momentos a tocar con lo que no quiere. Claro que tiene que haber síntomas, claro que tiene que haber angustia, claro que toda la energía no está disponible. Hay una cantidad de energía puesta en que no se sepa, en no enfrentar, en no vivir… es como cuando uno miente, cuando uno miente pasa igual, te tienes que acordar todo el tiempo de que has mentido para no meter la pata, ya no estás libre, se acabó la espontaneidad, y eso es pérdida de energía, eso es… la energía que tienes para interesarte por algo no está, porque está puesta en que no aparezca aquello. Desreprimir es tener que afrontar conscientemente cómo son las cosas y tener que tomar una decisión, no vivirlo inconscientemente. Si esta persona afronta y toma la decisión ya no es la misma persona de antes. Por ejemplo puede afrontarlo, dejar a la mujer, cambiar de estilo de vida... ya no es la misma persona, evidentemente... o puede afrontarlo, considerarse un enfermo y tratar de hacer un tratamiento para… como sea, ya no es el mismo que vive como una especie de escisión consigo mismo.

Por eso Jung insistió tanto, que el tema de lo reprimido -y ya estaba en Freud-, tiene una dimensión ética, hay una cuestión de honestidad. No digo ética de cristianismo, digo ética del alma. Vivir en la negación, en la mentira, en el autoengaño y en la fantasía en el sentido de lo ilusorio para no afrontar la realidad es deshonesto. Y normalmente, a la base de una neurosis -piensan ellos-, hay un acto no reconocido, encajonado, en el detrás, de deshonestidad. Pensemos que casi todas las personas llamadas normales somos deshonestas, tenemos una imagen pública, no sólo ante los demás sino ante nosotros mismos, y en esa imagen pública no cabe todo lo que hay en uno, no cabe, todos tenemos los secretitos, y tenemos los secretitos que siguen siendo secretitos pero pueden ser confesables y tenemos los secretitos inconfesables, o sea, que en cierto sentido todos somos hipócritas. Tratamos de llevar una vida de cara a un estándar que no tiene que ver con la verdad de uno mismo. ¿Por qué? Porque afrontar la verdad de uno mismo es tener que afrontar demasiadas cosas, lo otro parece más fácil, pero es más difícil, porque se paga un precio, esto es lo que diría Jung.

Ya lo vio Freud, a la base de todo este tipo de cosas hay un tema de -yo diría de deshonestidad- sumisión a una moral, sumisión a una ideología que te pone en contra de ti mismo, conveniencias, concesiones, pactos, para no perder el trabajo tienes que soportar una vida que te es ajena y convencerte de que es soportable y es lo mejor posible… es que lo otro ¿qué implicaría?, implicaría tener que ser un adulto y afrontar la vida seriamente, implicaría tener que preguntar qué estoy haciendo aquí y replantear mi vida, pero esto da mucho miedo, mucho trabajo. Por huir de ese trabajo se cae en otro y Jung insistió mucho, siguiendo a Freud, que el dolor de la neurosis, el dolor de la patología anímica, es doloroso, pero es un dolor que no lleva a ninguna parte, porque es un dolor que aparece por evitar un dolor que enfrentado produciría una transformación. Por lo tanto, la patología es un arreglo que mantiene las cosas como están a cambio de un precio terrible, para evitar el dolor que haría que las cosas no quedasen como están y que llevaría a descubrir algo de ti y del mundo, porque cuando tú cambias el mundo cambia, no están separados, cuando tú cambias tu registro de lo que existe ha cambiado, de repente el mundo se ha llenado de dimensiones que antes no estaban, porque tú no estabas. Cualquiera que haya vivido, voluntaria o involuntariamente, un proceso de conversión, de transformación, sabe que no sólo se ha sentido distinto, ha descubierto un mundo que no sabía que existía. En el mismo acto ha cambiado el sintonizador que hay en ti, y la realidad que antes era tu única realidad porque no tenías dial, al producirse la transformación, al instante, hay otro mundo. O sea que es una transformación del mundo también. Es penoso, y en esto también tenía razón Freud, lo reprimido es lo reprimido porque es penoso, si no fuera penoso no sería reprimido. Pero el dolor que genera tener que vivir en lo imaginario, que implica un grado fuerte de anestesia, una pérdida de interés vital, y como diría Adler, una falta de capacidad de conectar con el todo, y por lo tanto una vida egocéntrica llena de anhelos de superioridad y vaciada de significado, tiene un precio grandísimo. Y lo ves, lo puedes ver, la gente son como cadáveres que se arrastran, creen que no, pero lo ves, gente que está muerta en vida, ‘sepulcros blanqueados’ lo que dijo Cristo, muy blancos por fuera, muy muertos por dentro.

En este sentido el comienzo de la psicoterapia, en este sentido profundo, es un gran cuestionamiento de ideas morales, religiosas y culturales. Ya dijo Freud: la represión tiene que ver con la cultura, la cultura nace de la represión, pero la cultura, además, genera represión. Todo miembro de una sociedad necesita adaptarse a los patrones de esa sociedad, pero esa adaptación implica un sacrificio, sacrificio de todo aquello que en ese individuo vive y no da la talla de los parámetros, hay gente que puede soportar bien esa renuncia, son frustrados pero pueden vivir con la frustración, y hay gente que no puede. Ése es el enfermo, digamos, el que no puede, el que no puede hacer concesiones y seguir como si nada. Más tarde Jung va a decir: el enfermo, en este sentido, es un elegido, es aquél que tiene que hacer un camino, que el otro, en cambio, puede evitar hacer viviendo en medio de frustraciones. El enfermo ya no puede vivir así, y tiene necesariamente, no porque quiera sino porque se le hace imposible la vida, emprender un camino que finalmente le llevará al descubrimiento de sí. Esto cambia la idea de la patología. La patología no sólo es como una especie de castigo o de error sino la oportunidad de una transformación. En Jung cambia todo esto, de repente el enfermo está llamado, es como que el daimón le llamara a vivir en un plano que todavía no conoce ni se puede imaginar pero lo que está claro es que ya no puede seguir donde está. Y el otro, el llamado hombre normal, es alguien que soporta un alto grado de frustración en un estado de adaptabilidad que le mantiene siempre igual. Es interesante, se ha ido mucho más allá de eso, pero bueno, hay que pasar por ahí. Esa es la primera parte por la que hay que pasar, hay algo individual también, hay algo que plantearse en todo esto.


domingo, 16 de mayo de 2010

M. Caballe & P. Cappuccilli in Duet Simon Boccanegra



En vivo desde Orange, 1985. Una actuación de Caballé como Amelia en la ópera de Verdi. Memorable.

sábado, 8 de mayo de 2010

Adios a una gran dama del canto: Giulietta Simionato

Hace unos días ha muerto la extraordinaria mezzosoprano Giulietta Simionato, poco antes de cumplir los 100 años de edad. Como recordatorio valga este momento de “Cavalleria Rusticana” de Mascagni interpretada en Tokyo en 1961, donde Simionato interpreta el papel de Santuzza

sábado, 1 de mayo de 2010

Una Mariscala magnífica (Der Rosenkavalier)

De sobra (y merecidamente) son conocidas y reconocidas las Mariscalas de Lotte Lehman, de Elisabeth Schwarzkopf o de Regine Crespin.He aquí una grabación live del Festival de Salzburgo de 1949, dirigida por George Szell, con la gran interpretación de Maria Reining junto a Jarmila Novotna en el final del Acto I de esta ópera de Strauss, y en trío final del último acto también con Hilde Gueden
Picando aquí puede leerse una crítica (en inglés) de esta grabación en vivo.

Para escuchar los fragmentos, picar la flecha a la izquierda en los siguiente enlaces:
Maria Reining en el monólogo de Der Rosenkavalier: Da Geht Er Hin, Der Aufgeblasene Schlechte Kerl
Maria Reining en el final del primer Acto de Der Rosenkavalier: Die Zeit, Die Ist Ein Sonderbar Ding
Maria Reining en el trío final de Der Rosenkavalier

domingo, 25 de abril de 2010

El peligro de los transgénicos y los horrores de Monsanto

Programa emitido por TVE2 en "La noche temática" titulado "El mundo según Monsanto". Esta versión que se puede ver en GoogleVideo está subtitulada en castellano, aunque empiece con comentarios en francés, muy breves, de presentadores franceses

domingo, 11 de abril de 2010

Voces gloriosas que no volverán...

Caballé y Aragall en el dúo final del Don Carlo, de Verdi Cuando la ópera todavía era una experiencia musical... no hace tanto tiempo:

lunes, 5 de abril de 2010

A veces uno olvida...

que hay compositores que no por ser populares son menos inspirados, y que no por ser “fáciles” son menos geniales, como Piotr Illich Tchaikovsky, de quien pronto se cumple el 170º aniversario de su nacimiento:

miércoles, 31 de marzo de 2010

Zizek, un “filósofo” poco convencional


Nos “sentimos libres” porque nos falta el lenguaje para articular nuestra no-libertad

sábado, 27 de marzo de 2010

Las grandes obra de arte y la conciencia (alma) de los tiempos

Wolfgang Giegerich, el gran psicólogo junguiano, ha insistido sistemáticamente en que “el alma” está “afuera” del individuo, está “en” el mundo. Este “en” (o “dentro de”) no debiera interpretarse literalmente, como si fuera “un hecho” más entre los hechos. El alma (“la vida lógica”) es “la interioridad” misma del mundo. Así ha declarado: “El proceso del alma nunca ha estado dentro de la gente, siempre ha estado en la cultura en general, en cómo se construía objetivamente la realidad para cada cultura dada; en la mitología del cielo y la tierra, el sol y la luna, los árboles y los ríos, los pájaros y la muerte, etc., o en la metafísica del mundo, en lo que el Kant tardío y el Heidegger tardío llamarían ontoteología. Jung dijo que el alma está alrededor nuestro. Y así también hoy, cuando ya hace mucho que el alma dejó atrás la metafísica (por no decir la mitología) como expresión válida de su verdad, tenemos que mirar a nuestro alrededor a las condiciones del mundo en el que nos hallamos -a nuestra civilización científica, tecnológica, a la economía (con su bolsa, su consumismo, sus productos de deshecho, su publicidad, etc.), a la red (Internet), al mundo de los medios en general, que inundan a la gente desde fuera y la envuelven en información e imágenes- para acaso advertir dónde está hoy el proceso del alma… Podemos advertir que el proceso en el que estamos hoy, expresado en términos alquímicos, pareciera ser un proceso de solutio, evaporatio, distillatio. 'Todo lo que es sólido se funde en aire', ya había observado Marx hace 150 años. Las cuestiones que hoy vive el alma parecen ser la superación de la alteridad a favor de lo mismo (Self), la transformación de “entidad” o “substancia” en relación, funcionalidad, movilidad y fluidez, de la “semántica” en “sintaxis””, así como la sustitución de cualquier fundamento, centro, hogar y tradición por una infinita “futuridad” (una apertura fundamental y una orientación centrífuga hacia adelante, hacia constante innovación)”

Naturalmente, este “movimiento” del alma se expresa también en todas las manifestaciones del espíritu de la época, como su vida cultural, como las grandes obras de arte. El proceso de evaporatio es perceptible, por ejemplo, en las obras características del siglo XX, y como ejemplo vaya este hermoso movimiento del Concierto para violín de Igor Stravinsky. Hasta la idea misma de belleza sufre su propia transformación.

sábado, 6 de marzo de 2010

Hegel y la psicología

HEGEL & LA PSICOLOGÍA

Lectura psico-lógica de la

FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU

Ciclo de conferencias a cargo de Enrique Eskenazi

Todos los lunes a partir del lunes 12 Abril 2010

 

En el Prólogo de su FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU Hegel escribió:

 

“...cuando discurre por el tranquilo cauce del sano sentido común, el filosofar natural produce, en el mejor de los casos, una retórica de verdades triviales. Y cuando se le echa en cara la insignificancia de estos resultados, nos asegura que el sentido y el contenido de ellos se hallan en su corazón y debieran hallarse también en el corazón de los demás, creyendo pronunciar algo inapelable al hablar de la inocencia del corazón, de la pureza de la conciencia y de otras cosas por el estilo, como sí contra ellas no hubiera nada que objetar ni nada que exigir.

Pero lo importante no es dejar lo mejor recatado en el fondo del corazón, sino sacarlo de ese pozo a la luz del día. Hace ya largo tiempo que podían haberse ahorrado los esfuerzos de producir verdades últimas de esta clase, pues pueden encontrarse desde hace muchísimo tiempo en el catecismo, en los proverbios populares, etc. No resulta difícil captar tales verdades en lo que tienen de indeterminado o de torcido y, con frecuencia, revelar a su propia conciencia cabalmente las verdades opuestas. Y cuando esta conciencia trata de salir del embrollo en que se ha metido, es para caer en un embrollo nuevo, diciendo tal vez que las cosas son, tal como está establecido, de tal o cual modo y que todo lo demás es puro sofisma; tópico éste a que suele recurrir el buen sentido en contra de la razón cultivada, a la manera como la ignorancia filosófica caracteriza de una vez por todas a la filosofía con el nombre de sueños de visionarios.

El buen sentido apela al sentimiento, su oráculo interior, rompiendo con cuantos no coinciden con él; no tiene más remedio que declarar que no tiene ya nada más que decir a quien no encuentre y sienta en sí mismo lo que encuentra y siente él: en otras palabras, pisotea la raíz de la humanidad. Pues la naturaleza de ésta reside en tender apremiantemente hacia el acuerdo con los otros y su existencia se halla solamente en la comunidad de las conciencias llevada a cabo. Y lo antihumano, lo animal, consiste en querer mantenerse en el terreno del sentimiento y comunicarse solamente por medio de éste”.

A diferencia del "buen sentido común” y del pensamiento representativo y calculador usual, que se base en meras oposiciones exlusivas como por ejemplo "verdadero opuesto a falso", Hegel propone la necesidad de un pensamiento más sofisticado (dialéctico) capaz de aprehender en la negacion (en la oposición, la separación, la determinación e incluso en "lo falso") el movimiento mismo que lleva a la realidad como verdad, puesto que “lo verdadero es el todo”. Así, escribe también:


“Lo verdadero y lo falso figuran entre esos pensamientos determinados, que, inmóviles, se consideran como esencias propias, situadas una de cada lado, sin relación alguna entre sí, fijas y aisladas la una de la otra. Por el contrario, debe afirmarse que la verdad no es una moneda acuñada, que pueda entregarse y recibirse sin más, tal y como es. No hay lo falso como no hay lo malo. Lo malo y lo falso no son, indudablemente, tan malignos como el diablo, y hasta se les llega a convertir en sujetos particulares como a éste; como lo falso y lo malo, son solamente universales, pero tienen su propia esencialidad el uno con respecto al otro. Lo falso (pues aquí se trata solamente de esto) sería lo otro, lo negativo de la sustancia, que en cuanto contenido del saber es lo verdadero. Pero la sustancia es ella misma esencialmente lo negativo, en parte como diferenciación y determinación del contenido, y en parte como una simple diferenciación, es decir, como sí mismo y saber en general. No cabe duda de que se puede saber algo de una manera falsa. Decir que se sabe algo falsamente equivale a decir que el saber está en desigualdad con su sustancia. Y esta desigualdad constituye precisamente la diferenciación en general, es el momento esencial. De esta diferenciación llegará a surgir, sin duda alguna, su igualdad, y esta igualdad que llega a ser es la verdad. Pero no es verdad así como si se eliminara la desigualdad, a la manera como se elimina la escoria del metal puro, ni tampoco a la manera como se deja a un lado la herramienta después de modelar la vasija ya terminada, sino que la desigualdad sigue presente de un modo inmediato en lo verdadero como tal, como lo negativo, como el sí mismo. Sin embargo, no puede afirmarse, por ello, que lo falso sea un momento o incluso parte integrante de lo verdadero. Cuando se dice que en lo falso hay algo verdadero, en este enunciado son ambos como el aceite y el agua, que no pueden mezclarse y que se unen de un modo puramente externo. Y precisamente atendiendo al significado y para designar el momento del perfecto ser otro, no debieran ya emplearse aquellos términos allí donde se ha superado su ser otro. ... lo falso no es ya, en cuanto falso, un momento de la verdad.


... Pero este algo separado, lo irreal mismo, es un momento esencial, pues si lo concreto es lo que se mueve, es solamente porque se separa y se convierte en algo irreal. La actividad del separar es la fuerza y la labor del entendimiento, de la más grande y maravillosa de las potencias o, mejor dicho, de la potencia absoluta. El círculo que descansa cerrado en sí y que, como sustancia, mantiene sus momentos, es la relación inmediata, que, por tanto, no puede causar asombro.

La potencia portentosa de lo negativo reside, por el contrario, en que alcance un ser allí propio y una libertad particularizada en cuanto tal, separado de su ámbito, lo vinculado, y que sólo tiene realidad en su conexión con lo otro; es la energía del pensamiento, del yo puro. La muerte, sí así queremos llamar a esa irrealidad, es lo más espantoso, y el retener lo muerto es lo que requiere una mayor fuerza. La belleza impotente odia al entendimiento, porque éste exige de ella lo que ella no está en condiciones de dar. Pero la vida del espíritu no es la vida que se amedrenta ante la muerte y que se abstiene de la desolación, sino la que sabe afrontarla y mantenerse en ella. El espíritu sólo conquista su verdad cuando es capaz de encontrarse a sí mismo en el absoluto desgarramiento. El espíritu no es esta potencia como si fuera lo positivo que se aparta de lo negativo (como cuando decimos de algo que no es nada o que es falso y, hecho esto, pasamos sin más a otra cosa), sino que sólo es esta potencia cuando mira cara a cara a lo negativo y permanece cerca de ello. Esta permanencia es la fuerza mágica que hace que lo negativo vuelva al ser. Es lo mismo que más arriba se llamaba el sujeto, el cual, al dar un ser allí a la determinabilidad en su elemento, supera la inmediatez abstracta, es decir, la que sólo es en general; y ese sujeto es, por tanto, la sustancia verdadera, el ser o la inmediatez que no tiene la mediación fuera de sí, sino que es esta mediación misma.”

Es este tipo de pensamiento dialéctico el que requiere la psico-logía de Wolfgang Giegerich para aprehender “el alma” en lo real, un pensamiento que expresa la rica “vida lógica del alma” .


El objetivo de este Seminario consiste en la lectura y explicación del Prólogo a la Fenomenología del Espíritu, de Hegel, desde una perspectiva psicológica y con vistas a hacer explícito el proceso de pensamiento que podría caracterizar como la expresión del espíritu de nuestro tiempo.


Todos los lunes, a partir del lunes 12 de Abril 2010 a las 18:30 hs en LIBRERÍA STO. DOMINGO, c/Sto. Domingo del Call nº 4, Barcelona 08002