viernes, 1 de agosto de 2008

“Cosmos y Psique”: una crítica


Acabo de leer los dos libros de Richard Tarnas recientemente traducidos y publicados en ed. Atalanta, “La pasión de la mente occidental” y su secuela, por así decir, “Cosmos y Psique”. Escritos desde una perspectiva afín a la psicología arquetipal y el pensamiento junguiano, son vulnerable a las agudas críticas que contra ambos movimientos -y desde dentro de ellos- ha formulado Wolfgang Giegerich.

“Cosmos y Psique” es una extraña (pero no sorprendente) mezcla de libro de crítica cultural, de filosofía, de psicología y, mayormente, de astrología. Al menos de “astrología psicológica” tal como se estila a partir del trabajo pionero de Dane Rudhyar y, posteriormente, de Liz Greene, Stephen Arroyo, Alexander Ruperti, Howard Sasportas, entre otros.

No voy a argumentar aquí acerca de la “correspondencia” -a muchos les gusta hablar de sincronicidad, sin siquiera sospechar lo que el uso de esta palabra aparentemente inocua implica (1)- entre las configuraciones planetarias y los acontecimientos históricos. Siempre es posible encontrar a posteriori correspondencias “significativas” entre datos ya conocidos. No más que las “correspondencias” entre el número de asientos del avión que primeramente se estrelló contra las Torres Gemelas, el número de teléfono de alguna de sus víctimas, la fecha de nacimiento de algún político destacado y finalmente la fecha del temible atentado. En cambio tales "correspondencias" son imposibles de hallar antes de los hechos mismos, por la sencilla razón de que son buscadas intencionadamente cuando ya se tiene noticia de ellos. Y por supuesto, siempre puede uno ingeniarse para hallar coincidencias entre dos hechos cualesquiera, una vez producidos, a partir de recursos tan arbitrarios como reducir letras a números, jugar con las fechas, las cifras, los nombres, y demás. Las correspondencias que Tarnas destaca entre acontecimientos históricos y configuraciones planetarias no son tan banales, pero pecan de la misma arbitrariedad: la selección de aquellos fenómenos que puedan sostener una hipótesis, de tal manera que la “prueba” resulta viciada por la parcialidad del enfoque histórico. Más que pruebas son trucos. (2)

Pero no voy a centrar mis críticas en operaciones tan artificiosas y tan poco dignas de crédito. Es mucho más interesante apuntar a aquello que tal mentalidad refleja y cuenta inadvertidamente de sí misma y de la “cosmovisión” en la que ya se está instalado y desde la cual surgen todas sus bienintencionadas propuestas.

El problema con estas obras, y con el libro de Tarnas, es que parten de una posición metafísica e incluso religiosa que nunca se somete a crítica, ya sea la propuesta metafísica de los “arquetipos” junguianos -y que Jung pretendió hacer pasar por “datos empíricos” en el sentido de datos de una experiencia “interior” (3)- o de un “significado último” de todo acontecer, o de las “estructuras a priori de la imaginación”, siendo éste último enfoque más afín a la visión de James Hillman y más interesante como tema de discusión (pero muy frágil como “fundamento” de una “cosmovisión”). En verdad, la misma expresión “cosmovisión” o “visión del mundo” o, incluso, “concepción del universo” delata ya que se está -inevitablemente- instalado en una colocación moderna o, mejor aún, postmoderna.

Ya Heidegger escribió agudamente( en La Época de la Imagen del Mundo):

El arraigo cada vez más exclusivo de la interpretación del mundo en la antropología, que se inicia a finales del siglo XVIII, encuentra su expresión en el hecho de que la posición fundamental del hombre frente a lo ente en su totalidad se determina como visión del mundo. Fue a partir de esta época cuando dicha palabra se introdujo en el uso lingüístico. En cuanto el mundo se convierte en imagen, la posición del hombre se comprende como visión del mundo. Cierto que el término ‘visión del mundo’ se presta fácilmente al malentendido de que se refiere a una mera contemplación pasiva del mundo. Por eso, ya desde el siglo XIX se ha insistido en que la visión del mundo significa también e incluso principalmente una visión de la vida. El hecho de que, de todas maneras, el término ‘visión del mundo’ se haya mantenido como nombre para la posición del hombre en medio de lo ente, es la prueba de lo decididamente que el mundo se ha convertido en imagen en cuanto el hombre ha llevado su vida como subjectum a la posición principal en el centro de toda relación. Esto significa que lo ente sólo vale como algo que es, en la medida en que se encuentra integrado en esta vida y puesto en relación con ella, es decir, desde el momento en que es vivido y se torna vivencia. Al igual que cualquier tipo de humanismo resultaba inadecuado para los griegos y que en la Edad Media era imposible una visión del mundo, del mismo modo también resulta absurda una visión católica del mundo. En la misma medida en que lo necesario y normal es que todo tenga que convertirse en vivencia para el hombre moderno, cuanto más ilimitadamente se apropia de la configuración de su esencia, del mismo modo, es absolutamente cierto que los griegos no sufrían vivencias cuando celebraban sus fiestas olímpicas. (4)

Y más adelante añadió:
Lo gigantesco es más bien aquello por medio de lo cual lo cuantitativo se convierte en una cualidad propia y, por lo tanto, en una manera especialmente señalada de lo grande. Cada época histórica no sólo es diferentemente grande respecto a las otras, sino que además tiene su propio concepto de grandeza. Pero en cuanto lo gigantesco de la planificación, el cálculo, la disposición y el aseguramiento, dan un salto desde lo cuantitativo a una cualidad propia, lo gigantesco y aquello que aparentemente siempre se puede calcular por completo, se convierten precisamente por eso en lo incalculable. Lo incalculable pasa a ser la sombra invisible proyectada siempre alrededor de todas las cosas cuando el hombre se ha convertido en subjectum y el mundo en imagen Por medio de esta sombra, el mundo moderno se sitúa a sí mismo en un espacio que escapa a la representación y, de este modo, le presta a lo incalculable su propia determinabilidad y su carácter históricamente único. Pero esta sombra indica otra cosa cuyo conocimiento nos está vedado en la actualidad. El hombre no podrá llegar a saber qué es eso que está vedado ni podrá meditar sobre ello mientras se empeñe en seguir moviéndose dentro de la mera negación de su época. Esa huida a la tradición, entremezclada de humildad y prepotencia, no es capaz de nada por sí misma y se limita a ser una manera de cerrar los ojos y cegarse frente al momento histórico. El hombre sólo llegará a saber lo incalculable o, lo que es lo mismo, sólo llegará a preservarlo en su verdad, a través de un cuestionamiento y configuración creadores basados en la meditación.

Y, adecuadamente, en el libro de Tarnas se trata de una “huida a la tradición, entremezclada de humildad y prepotencia”.

Las cien primeras páginas de Cosmos y Psique muestran su programa, o sea su proyecto:
"destruir la mentalidad moderna y marchar hacia una nueva visión, ya sea en ciencia, filosofía o religión" (pág 61) "reconstruir o atemperar las diversas consecuencias alienantes poscopernicanas, desde el dualismo sujeto-objeto de Descartes a la evolución ciega de Darwin" (ibid), "aspirar a un mundo humanamente significativo y con resonancias espirituales", puesto que “el desencantamiento del universo moderno es consecuencia directa de una epistemología simplista y de una postura moral extraordinariamente inadecuada a las profundidades, complejidades y grandeza del cosmos”. (pág. 75) Y a continuación Tarnas escribe (pág. 76): “¿Cuál es el remedio para la visión fundada en la hybris? (es decir, la Era Moderna) Talvez el remedio esté en escuchar, en escuchar más sutil, receptiva y profundamente. Puede que nuestro futuro dependa de la precisa medida en que estemos dispuestos a ensanchar nuestra vías de conocimiento. Necesitamos un empirismo y un racionalismo más amplios, más auténticos.” (pág. 76)
Creo que bastan estos pasajes para advertir “desde dónde” habla Tarnas: desde un profundo disgusto con “el universo desencantado” -es decir, desprovisto de magia y de “alma”- de la modernidad y de la postmodernidad. Para él se trata de “descubrir las profundidades y la rica complejidad del cosmos” , para lo cual “se necesitan vías de conocimiento que integren plenamente la imaginación, la sensibilidad estética, la intuición moral y espiritual, la experiencia de revelación, la percepción simbólica, las modalidades somática y sensorial del entendimiento y el conocimiento empático. Pero por encima de todo debemos reaccionar a -y superar- la gran proyección antropomórfica oculta que ha sido prácticamente la definición de la mente moderna, a saber, la proyección de ausencia de alma en el cosmos, debida a la voluntad de poder del yo moderno” (pág. 77)

Un programa realmente ambicioso: superar la modernidad y “devolver el alma al cosmos”. Un proyecto, a mi ver, aquejado de la misma hybris de la que acusa a la modernidad. Acaso peor, porque más flagrante: al fin y al cabo, la modernidad no fue el resultado de una serie de decisiones individuales, ni de un programa para promover una ideología, ni mucho menos de lo que Tarnas supone: consecuencia directa de una epistemología simplista y de una postura moral extraordinariamente inadecuada a las profundidades, complejidades y grandeza del cosmos sino más bien el resultado de la emergencia de una nueva verdad, de modo que los individuos se encontraron instalados en un plano de entendimiento que ya había superado (en el sentido hegeliano de la expresión: negado e incorporado y trascendido) el estatus del conocimiento previo. La modernidad no es fabricación de pensadores tales como Descartes, Locke y demás, sino que éstos fueron sus voceros. Como bien hace notar Giegerich en su “¿Es 'profunda' el alma?”:

En muchos ámbitos, y también en la psicología arquetipal, Descartes es tratado con desdén. Es tratado como un criminal (psicológico o intelectual) responsable de la escisión fundamental expresada por la oposición de los términos mencionados arriba (res cogitans y res extensa). Esto no es sólo injusto, sino también no-psicológico. Descartes no hizo nada; no es responsable ni culpable de una escisión. Meramente expresó la escisión que era constitutiva para la condición del alma moderna y por tanto una verdad moderna. Si alguien es “culpable” aquí, es el alma. Descartes tan sólo hizo su legitimación, nada más … Culpar a Descartes es una defensa (en el sentido psicoanalítico de la palabra) contra tener que reconocer la revolución psicológica fundamental que ya ha tomado lugar hace tiempo y que ha provocado una ruptura irrevocable, experimentada como la pérdida del mito y el extrañamiento de “la naturaleza”. Expresada en términos positivos, fue la adquisición de una conciencia rota, reflejada y reflexiva. No tenemos que combatir o negar a Descartes. Tenemos que llevarlo más allá, “pensarlo aún más”

Es así que “el programa” de Tarnas está diseñado para paliar el “des-encantamiento” del mundo, para “re-encantarlo”. Se trataría, nada más ni nada menos, de postular una nueva “cosmología”. Pero ¿puede una "nueva" cosmología brotar de la decisión y una voluntad, de un deseo y una nostalgia, más que de la búsqueda desinteresada de la verdad? ¿No existe ya acaso en la ciencia natural actual una “cosmología” que ha resultado, no tanto del “querer” consciente de los hombres, sino de los resultados y la dinámica mismos de la investigación? (5)

Tarnas no tiene el menor empaque en proponer la astrología como base de una “nueva” cosmología -que en verdad es antigua, incluso obsoleta, por lo cual su móvil es además lógicamente reaccionario y muy semejante a proponer la física aristotélica como base de una “nueva ciencia de la naturaleza” o la astronomía geocéntrica ptolemaica como base de una “nueva” concepción astronómica. Esto no sólo es “imposible” (lógicamente), sino que sería incluso risible, sino fuera alarmante. (6)
¿Por qué alarmante? Porque lo que inadvertidamente ha desaparecido en propuestas como la de Tarnas es toda aspiración a la verdad. Pareciera ser que lo que importa es “reanimar -reencantar- al cosmos” en lugar de querer averiguar modestamente lo que “el cosmos” sea, más allá de nuestros intereses (¡incluida la superviviencia!) y buenos (o malos) propósitos. Esta íntima convicción de que lo que hay (lo que existe, lo que es) depende de la voluntad y el decreto humano, es una manifestación boyante del antropocentrismo, por no decir del nihilismo más supino. Y con esto no pretendo criticar al nihilismo, sino poner de manifiesto que las propuestas para evitarlo ya apestan a nihilismo inadvertidamente y son, por tanto, expresión sintomática de la misma supuesta enfermedad que pretenden remediar. Lamentable.(7)

Lo que más sorprende es la suposición implícita de que uno puede pasearse por la historia, como si se estuviera fuera de ella, y revisar “inocentemente” las ideas, con supuesta neutralidad y que, aparentemente más allá de toda limitación, se pueden observar las épocas y las ideas (las “cosmovisiones”) para valorarlas y estimarlas, más o menos como un entomólogo colecciona especímenes. Pero las "cosmosvisiones" no son artículos de consumo o piezas de colección que uno pueda "usar" a gusto para mirar a través de ellas. Cuando se han vuelto eso, es porque uno está ya instalado en la óptica de un consumidor -que es la característica de nuestro tiempo. Esto me recuerda a cuando Hillman en Módena declaró que consideraba que la historia era un depósito de metáforas para la imaginación. Es entonces cuando la historia ha perdido toda su abrumadora “realidad” y se ha vuelto un producto más de consumo , o un recorrido "turístico".
Cuando "se mira imaginalmente a través de" una cosmovisión, se está mirando con las limitaciones de los propios pre-supuestos culturales. Y se está, sin darse cuenta, "consumiendo" esas cosmovisiones, transformando los mitos en literatura, la historia en un largometraje y la realidad en espectáculo: se está, como quien dice, mirando la televisión. Creerse que al ver "Ben Hur" con Charlton Heston en la televisión (o en el cine) uno está haciendo "historia de la Roma antigua" es un gran error. Lo que uno está haciendo entonces es practicar y comulgar inadvertidamente con la "cosmovisión" -palabra horrible- del tiempo en el que inevitablemente se vive: tele-adicción, el espectador que pasa por la vida tomando de aquí y de allí, del descomunal "supermercado" o de los “grandes almacenes” que se ha vuelto la existencia.

Y entonces me pregunto: ¿lo que desde esa actitud de consumidor complaciente pueda proponerse como un re-encantamiento del mundo, ¿será acaso muy distinto de construir un parque temático a piacere, una nueva disneylandia, y un sofisticado entretenimiento, para seguir dando de lado a una verdad que se nos impone más allá de nuestras distracciones? No es ninguna sorpresa que Tarnas proponga “vías de conocimiento que integren plenamente la imaginación, la sensibilidad estética, la intuición moral y espiritual, la experiencia de revelación, la percepción simbólica, las modalidades somática y sensorial del entendimiento y el conocimiento empático.”
Con semejante receta, la diversión está garantizada.

Notas
(1) La idea de “sincronicidad”, propuesta por C. G. Jung, se mueve ya en la aceptación de la dualidad cartesiana entre res cogitans (psique, lo interior) y res extensa (materia, lo exterior), a la cual aspira a trascender. Pero, naturalmente, deja sin examinar qué noción de interioridad y de exterioridad están en juego en esta aparente oposición: una interioridad tan “externa” como la supuesta “exterioridad”a la que obviamente complementa. Se trata de una imagen espacial y, por tanto, extensa: ¿es una interioridad "extensa" como el dentro de un cuarto lo es respecto al afuera, o como el interior de una tiza lo es respecto a su exterior, de modo que cada vez que se parte la tiza a fin de encontrar su “interior” se encuentra uno nuevamente con un trozo exterior: por dentro la tiza es tan exterior como por fuera?. De esto ya hablaba Heidegger en su “La pregunta por la cosa”. El exterior y el interior de la tiza no están dialécticamente pensados
, ni en Jung ni en la psicología arquetipal (como tampoco lo están el interior psíquico respecto al exterior físico: en este caso el interior psíquico deja "fuera” el exterior físico, y el “exterior físico” tiene fuera de sí “el interior” psíquico). Este primado de una visión “externa” del par interior/exterior muesta el primado inadvertido del enfoque positivista en la psicología al uso (el peso decisivo de la realidad exterior, que aparece por tanto necesitada de alma), incluida la psicología de Jung o de Hillman. Por ello la psique aparece como un contenedor cuyos contenidos se proyectan afuera, y se acepta implícitamente, por tanto, un afuera desprovisto de interioridad. Un tratamiento serio y profundo del tema de la relación entre “exterioridad (afuera)” e “interioridad (adentro)” y de la idea de sincronicidad, se encuentra en “Es 'profunda' el alma”, donde puede leerse que “el verdadero “interior” no es algo localizado dentro de otra cosa. No es una ubicación en absoluto; como localización, todavía sería una idea abstracta o externa de interioridad. No, el verdadero “interior” es lo que no tiene nada fuera de sí, externo a sí, no hay límites que podría estar ahí fuera, en sus márgenes. El verdadero interior se define como aquél cuya interioridad ha rodeado, en una inversión revolucionaria, la noción misma de “afuera”, “margen” o “frontera”, y las ha interiorizado en sí mismo. Lo interior es así lo que tiene lo exterior verdaderamente dentro y no fuera de sí mismo. Sólo esta relación auto-contradictoria, “loca”, es lo constituye la interioridad. Pero, por supuesto, algo que tiene el afuera (su propio afuera) verdaderamente dentro suyo ya no puede ser imaginado. Sólo puede ser pensado. Y puesto que la “tierra” del alma está constituida por la interioridad, sólo es accesible al pensamiento. En sí misma es un Mundo Invertido y, como tal, inimaginable.”

(2) Aún recuerdo cuando Liz Greene, a comienzos de los 80' en sus lecciones publicadas como “The Outer Planets & Their Cycles. The Astrology of the Collective” (Los planetas exteriores y sus ciclos. La Astrología de lo Colectivo), ed. CRCS Publications, USA, 1983, y ante el inminente ingreso de Plutón en Escorpio, comparó la década y media por venir (1983-1996) con la emergencia de la francmasonería y el nacimiento de Mesmer en el s. XVIII, o anteriormente con Renacimiento Florentino (última década del s. XV) y, aún antes, con el florecimiento de la Kabbalah y los Caballeros Templarios (alrededor de 1240). Así, anticipó que entre finales de 1983 hasta 1996 aproximadamente podía haber la re-emergencia de una "filosofía perenne" asociada con los movimientos esotéricos, una especie de Renacimiento de la "raiz común que subyace detrás de la Masonería y el lulismo y el neoplatonismo y el hermetismo y la psicología profunda, aunque estoy segura de que mucha gente se enfadaría ante tales conexiones”. Todo esto provenía de la asociación de Plutón con la idea de "renacimiento de lo oculto". Naturalmente, la expectativa que esto podía despertar en la audiencia de 1982 difícilmente pudo verse confirmada por los acontecimientos que siguieron.
De cualquier modo, estos intentos de "astrología de lo colectivo" pecan de lo que ha sido llamado por Giegerich “el error básico de la psicología”

(3) Para justificar esta afirmación acerca del intento de Jung de aproximarse a “los arquetipos” desde una perspectiva empírica (o sea: confirmar la “existencia” de los arquetipos empíricamente), me remito, por ejemplo, a dos ensayos de W. Giegerich que acabo de traducir y publicar: La Historicidad del Mito, y ¿Es “profunda” el alma?

(4) En el mismor artículo Heidegger escribe: “Cuando meditamos sobre la Edad Moderna nos preguntamos por la moderna imagen del mundo. La caracterizamos mediante una distinción frente a la imagen del mundo medieval o antigua. Pero ¿por qué nos preguntamos por la imagen del mundo a la hora de interpretar una época histórica? ¿Acaso cada época de la historia tiene su propia imagen del mundo de una manera tal que incluso se preocupa ya por alcanzar dicha imagen? ¿O esto de preguntar por la imagen del mundo sólo responde a un modo moderno de representación de las cosas?
¿Qué es eso de una imagen del mundo? Parece evidente que se trata de eso: de una imagen del mundo. Pero ¿qué significa mundo en este contexto? ¿Qué significa imagen? El mundo es aquí el nombre que se le da a lo ente en su totalidad. No se reduce al cosmos, a la naturaleza. También la historia forma parte del mundo. Pero hasta la naturaleza y la historia y su mutua y recíproca penetración y superación no consiguen agotar el mundo. En esta designación está también supuesto el fundamento del mundo, sea cual sea el tipo de relación que imaginemos del fundamento con el mundo… allí donde el mundo se convierte en imagen, lo ente en su totalidad está dispuesto como aquello gracias a lo que el hombre puede tomar sus disposiciones, como aquello que, por lo tanto, quiere traer y tener ante él, esto es, en un sentido decisivo, quiere situar ante sí. Imagen del mundo, comprendido esencialmente, no significa por lo tanto una imagen del mundo, sino concebir el mundo como imagen. Lo ente en su totalidad se entiende de tal manera que sólo es y puede ser desde el momento en que es puesto por el hombre que representa y produce. En donde llega a formarse una imagen del mundo, tiene lugar una decisión esencial sobre lo ente en su totalidad. Se busca y encuentra el ser de lo ente en la representabilidad de lo ente” (En esta nota, como en las siguientes, el subrayado es mío)

(5) Conviene al respecto recordar la afirmación de Heidegger en “¿Qué significa pensar?” en el sentido de que “En manera alguna es verdad lo que opina la historia de la filosofía común y corriente, que mito y logos entran en oposición por culpa de la filosofía como tal; antes bien son precisamente los primeros pensadores de los griegos (Parménides, fragm. 8) quienes usan mito y logos con un mismo significado. Mito y logos se separan y oponen recién allí donde ni el mito ni el logos pueden mantenerse en su ser primigenio... Lo religioso nunca es destruido por la lógica, cosa que sucede siempre y solamente por sustraerse el dios”

(6) No es sorprendente hallar en Tarnas (y no sólo en él) la convicción de que la ciencia y la técnica son productos de arbitrarias decisiones y resoluciones humanas (la falacia antropológica), lo cual comporta la convicción de que también podría alterarse su curso mediante nuevas decisiones y resoluciones, es decir, mediante un esfuerzo de la voluntad o un programa. Una idea realmente endeble acerca de la historia de la ciencia, o de la historia en general. Lejos se está de aquella comprensión de Heideegger que hizo que en su artículo “Ciencia y Meditación” escribiese: “La ciencia es un modo, y además un modo decisivo, como se nos presenta todo lo que es. Por ello debemos decir: la realidad, en el interior de la cual el hombre de hoy se mueve e intenta mantenerse, está codeterminada en sus rasgos esenciales por lo que llamamos la ciencia occidental-europea. Si meditamos acerca de este proceso veremos que, en el ámbito del mundo occidental y en la época de su historia acontecida, la ciencia ha desplegado un poder como hasta ahora nunca se ha podido encontrar en la tierra, y finalmente está extendiendo este poder sobre todo el globo. Ahora bien ¿es la ciencia sólo un artefacto del hombre que se ha elevado a un dominio tal que se podría pensar que algún día, por obra del querer humano, por decisiones de comisiones, pudiera ser demolido de nuevo? ¿O bien prevalece aquí un sino más alto? ¿Domina en la ciencia algo más que un mero querer saber por parte del hombre? Así es en efecto. Prevalece Algo Distinto. Pero esto que es distinto se nos ocultará mientras sigamos atados a las representaciones habituales de la ciencia. Esto Distinto es un estado de cosas que prevalece y atraviesa todas las ciencias y que, sin embargo, permanece oculto a ellas”
Esta afirmación de Heidegger sí da qué pensar y abre un horizonte de discusión que está “más allá del bien y del mal”. Conviene, por otra parte, advertir que la concepción de la evolución del entendimiento y de la Edad Moderna como “consecuencia… de una postura moral” -tal como afirma Tarnas- es un modo de fundamentalismo, que podría acaso incluso apoyar el juicio de la Inquisición contra Galileo. Pero lo grave es que decididamente pasa de largo no sólo ante lo que Heidegger llama “Algo Distinto”, sino también ante la lógica misma del conocimento. Y parte de la escisión entre “bien” y “verdad” promoviendo la alternativa de o bien tener que subordinar “lo verdadero” a “lo bueno”, o viceversa (por ello se mueve aún en horizonte “dentro del bien y del mal”). Tal alternativa debiera ser traída a la luz y sometida a una profunda explicitación, en lugar de dejarse atrapar tan fácilmente por ella. En todo caso, la apelación a la ética no deja de ser una maniobra ideológica (como lo sería la apelación a la política, a un credo religioso, a un dogma o a cualquier supuesto ideal, lo cual implicaría un subordinación del ser al deber ser), y manifiesta por parte del autor la desmesurada convicción de que sabe ya lo que debiera ser, de que así ya está en posesión de una verdad superior. Hablando justamente de hybris.

(7) Para una comprensión que vaya más allá de la acepción superficial de “nihilismo”, como si acaso se tratara una mera posición que cualquiera puede tomar y puede dejar a voluntad, consúltense por ejemplo los siguientes escritos de Heidegger que he publicado en mi web: “El nihilismo europeo” (tomado de su monumental “Nietzsche”), y “La frase de Nietzsche: 'Dios ha muerto'”, de sus “Sendas Perdidas” (Holzwege, traducido también como “Caminos del bosque”)

viernes, 25 de julio de 2008

André d'Arkor, magnífico tenor belga

Aquí se lo puede escuchar la “Berceuse” de Jocelyn, de Godard en una grabación de los años 30'



También puede escucharse picando en el siguiente enlace

Aquí, D'Arkor en el Romance de Charlot, de Maître Pathelin, de Bazin:

jueves, 24 de julio de 2008

Nicolai Gedda

El tenor sueco ha sido uno de las grandes cantantes de la segunda mitad del siglo XX, que podía afrontar con igual rigor estilístico e idiomático el repertorio para tenor lírico francés, alemán o ruso. También abordó, ¿cómo no? el repertorio italiano, pero aquí pudo notarse su falta de italianidad, si bien su canto siempre ha sido impecable.
Aquí hay un ejemplo de su magnífico legato, del uso del "mixto" y de la belleza de su canto, en una grabación de 1953 del aria “Du pauvre seul ami fidele” de la ópera de Auber “La muette de Portici”

sábado, 19 de julio de 2008

Oración

Esta es la “Preghiera” de María Suarda, de Donizetti, tal como la cantó Montserrat Caballé en el Carnegie Hall de Nueva York, en 1967

viernes, 18 de julio de 2008

La huída ante el pensar


En su magnífico discurso de 1955, traducido usualmente como “Serenidad” (Gelassenheit), si bien podría acaso traducirse más efectivamente como “Dejidad”, Martin Heidegger habló de “la huida ante el pensamiento” que caracteriza al hombre contemporáneo.

Cito a continuación un largo pasaje de esa conferencia:

“No nos hagamos ilusiones. Todos nosotros, incluso aquellos que, por así decirlo, son profesionales del pensar, todos somos, con mucha frecuencia, pobres de pensamiento (gedanken-arm); estamos todos con demasiada facilidad faltos de pensamiento (gedanken-los). La falta de pensamiento es un huésped inquietante que en el mundo de hoy entra y sale de todas partes. Porque hoy en día se toma noticia de todo por el camino más rápido y económico y se olvida en el mismo instante con la misma rapidez. Así, un acto público sigue a otro. Las celebraciones conmemorativas son cada vez más pobres de pensamiento. Celebración conmemorativa (Gedenkfeier) y falta de pensamiento (Gedankenlosigkeit) se encuentran y concuerdan perfectamente.

Sin embargo, cuando somos faltos de pensamiento no renunciamos a nuestra capacidad de pensar. La usamos incluso necesariamente, aunque de manera extraña, de modo que en la falta de pensamiento dejamos yerma nuestra capacidad de pensar. Con todo, sólo puede ser yermo aquello que en sí es base para el crecimiento, como, por ejemplo, un campo. Una autopista, en la que no crece nada, tampoco puede ser nunca un campo yermo. Del mismo modo que solamente podemos llegar a ser sordos porque somos oyentes y del mismo modo que únicamente llegamos a ser viejos porque éramos jóvenes, por eso mismo también únicamente podemos llegar a ser pobres e incluso faltos de pensamiento porque el hombre, en el fondo de su esencia, posee la capacidad de pensar, «espíritu y entendimiento», y que está destinado y determinado a pensar. Solamente aquello que poseemos con conocimiento o sin él podemos también perderlo o, como se dice, desembarazarnos de ello.

La creciente falta de pensamiento reside así en un proceso que consume la médula misma del hombre contemporáneo: su huida ante el pensar. Esta huida ante el pensar es la razón de la falta de pensamiento. Esta huida ante el pensar va a la par del hecho de que el hombre no la quiere ver ni admitir. El hombre de hoy negará incluso rotundamente esta huida ante el pensar. Afirmará lo contrario. Dirá - y esto con todo derecho - que nunca en ningún momento se han realizado planes tan vastos, estudios tan variados, investigaciones tan apasionadas como hoy en día. Ciertamente. Este esfuerzo de sagacidad y deliberación tiene su utilidad, y grande. Un pensar de este tipo es imprescindible. Pero también sigue siendo cierto que éste es un pensar de tipo peculiar.

Su peculiaridad consiste en que cuando planificamos, investigamos, organizamos una empresa, contamos ya siempre con circunstancias dadas. Las tomamos en cuenta con la calculada intención de unas finalidades determinadas. Contamos de antemano con determinados resultados. Este cálculo caracteriza a todo pensar planificador e investigador. Semejante pensar sigue siendo cálculo aun cuando no opere con números ni ponga en movimiento máquinas de sumar ni calculadoras electrónicas. El pensamiento que cuenta, calcula; calcula posibilidades continuamente nuevas, con perspectivas cada vez más ricas y a la vez más económicas. El pensamiento calculador corre de una suerte a la siguiente, sin detenerse nunca ni pararse a meditar. El pensar calculador no es un pensar meditativo; no es un pensar que piense en pos del sentido que impera en todo cuanto es.

Hay así dos tipos de pensar, cada uno de los cuales es, a su vez y a su manera, justificado y necesario: el pensar calculador y la reflexión meditativa.

Es a esta última a la que nos referimos cuando decimos que el hombre de hoy huye ante el pensar. De todos modos, se replica, la mera reflexión no se percata de que está en las nubes, por encima de la realidad. Pierde pie. No tiene utilidad para acometer los asuntos corrientes. No aporta beneficio a las realizaciones de orden práctico.

Y, se añade finalmente, la mera reflexión, la meditación perseverante, es demasiado «elevada» para el entendimiento común. De esta evasiva sólo es cierto que el pensar meditativo se da tan poco espontáneamente como el pensar calculador. El pensar meditativo exige a veces un esfuerzo superior. Exige un largo entrenamiento. Requiere cuidados aún más delicados que cualquier otro oficio auténtico. Pero también, como el campesino, debe saber esperar a que brote la semilla y llegue a madurar.

Por otra parte, cada uno de nosotros puede, a su modo y dentro de sus límites, seguir los caminos de la reflexión. ¿Por qué? Porque el hombre es el ser pensante, esto es, meditante. Así que no necesitamos de ningún modo una reflexión «elevada». Es suficiente que nos demoremos junto a lo próximo y que meditemos acerca de lo más próximo: acerca de lo que concierne a cada uno de nosotros aquí y ahora; aquí: en este rincón de la tierra natal; ahora: en la hora presente del acontecer mundial”.

miércoles, 16 de julio de 2008

Una gran voz

y qué fiato (capacidad de cantar largas líneas sin cortar para tomar aire), y qué línea tan hermosamente delineada. Y qué capacidad de variación dinámica (de pasar del canto suave al fuerte, del fuerte al suave, del suave al suavísimo, etc)
Montserrat Caballé en el aria de Il Pirata, de Bellini



Tanta gente habla de belleza y es incapaz sin embargo de apreciarla...

lunes, 14 de julio de 2008

La trampa (3): Le obligaremos a ser libre

Este tercer episodio de la serie documental “La trampa. Qué pasó con nuestros sueños de libertad” de Adam Curtis, se centra en los ideas de Isaiah Berlin acerca de libertad positiva y libertad negativa. Según Berlin el segundo concepto (libertad de coerción), carente de contenido positivo definido, podría evitar todo fundamentalismo, ya que presumiblemente los grupos convencidos de una definición positiva de libertad han acabado usando la violencia para imponerla.
Curtis muestra cómo este concepto de libertad "negativa" fue también empleado para defender una sociedad de libre mercado y cómo fue a su vez "positivizado" para justificar la defensa de regímenes dictatoriales, la manipulación de la información y la imposición de una libertad que cercena la posibilidad creativa de los seres humanos y los reduce a seres manejables y conformes con la gratificación de sus deseos egoístas.


La Trampa (2): El Robot Solitario

En la segunda parte de su documental, Adam Curtis muestra cómo al cuantificar conductas y someterlas “al poder de los números” surge una tipología robotistica de la conducta humana, con una serie de “síntomas"” cuantificables: crisis de ansiedad, ataque de pánico, conducta bi-polar, etc. Esto genera un “standard” de normalidad que va a regir a la psicología y promover el uso de fármacos para normalizar el comportamiento humano y hacer que la gente se conduzca más previsiblemente, como máquinas mejor adaptadas. Estos y otros temas pueden verse en el segundo capítulo de la serie



Segunda parte:El Robot Solitario
Tercera parte: Le obligaremos a ser libre

domingo, 13 de julio de 2008

La Trampa (1): ¿Qué pasó con nuestros sueños de libertad?

En su momento puse una nota y la primera parte (en versión original inglesa) de este inquietante documental de Adam Curtis, que puede verse en inglés aquí.
“La trampa: qué pasó con nuestro sueño de libertad?” es el nombre de una serie documental en tres capítulos por Adam Curtis (conocido por otros inquisitivos documentales como “El siglo del individualismo” o “El poder de las pesadillas”) dado en la BBC en 2007. En tres programas de aproximadamente una hora cada uno se explora la idea y la definición de libertad.
El primer capítulo (“Jode a tu colega”) examina el origen de la “teoría de juegos” del matemático John Nash (popularizado en la películo “Una mente maravillosa” ) durante la guerra fría y cómo sus modelos matemáticos de la conducta humana se filtraron en la economía. La premisa de esta teoría es que los seres humanos son criaturas egoístas que se mueven por interés propio y que continuamente construyen estrategias para satisfacer esos deseos egoístas. A partir de esta premisa Nash construyó modelos lógicos consistentes y matemáticamente verificables, por lo que ganó el Premio Nóbel. Una de sus creencias acerca de la conducta humana se tipificó en la estrategia que Nash tituló “Adiós mamón -jode a tu colega”, en la cual el único modo de ganar consiste en traicionar al compañero de juego. Más tarde se supo que Nash padecía una esquizofrenia paranoide, por lo que sospechaba de todos y se sentía perseguido y objeto de conspiraciones, pero sus teorías se emplezaron para crear la estrategia nuclear de los Estados Unidos durante la guerra fría y más tarde para justificar una visión social que, equiparando libertad individual con libertad de mercado, ha generado una mayor desigualdad, más injusticia y, curiosamente, pérdida de libertades y derechos. Esta es, justamente, “la trampa”

Ahora, finalmente, esta primera parte puede verse con subtítulos en castellano:


Segunda Parte: El Robot Solitario
Tercera y última Parte: Le obligaremos a ser libre

sábado, 12 de julio de 2008

Heidegger: La pregunta por la técnica

En su artículo “Ciencia y Meditación” incluído en el mismo libro que el presente ensayo, La pregunta por la técnica, Heidegger afirma que “al igual que el arte, la ciencia no es únicamente una actividad cultural del hombre. La ciencia es un modo, y además un modo decisivo, como se nos presenta todo lo que es. Por ello debemos decir: la realidad, en el interior de la cual el hombre de hoy se mueve e intenta mantenerse, está codeterminada en sus rasgos esenciales por lo que llamamos la ciencia occidental-europea. Si meditamos acerca de este proceso veremos que, en el ámbito del mundo occidental y en la época de su historia acontecida, la ciencia ha desplegado un poder como hasta ahora nunca se ha podido encontrar en la tierra, y finalmente está extendiendo este poder sobre todo el globo. Ahora bien ¿es la ciencia sólo un artefacto del hombre que se ha elevado a un dominio tal que se podría pensar que algún día, por obra del querer humano, por decisiones de comisiones, pudiera ser demolido de nuevo? ¿O bien prevalece aquí un sino más alto? ¿Domina en la ciencia algo más que un mero querer saber por parte del hombre? Así es en efecto. Prevalece Algo Distinto. Pero esto que es distinto se nos ocultará mientras sigamos atados a las representaciones habituales de la ciencia. Esto Distinto es un estado de cosas que prevalece y atraviesa todas las ciencias y que, sin embargo, permanece oculto a ellas”

viernes, 11 de julio de 2008

Lohengrin por Prandelli

Lohengrin es la última “ópera” -teatro musical que consta de números cerrados- compuesta por Wagner antes de abordar lo que él llamaría “drama musical”. Aunque concebida en alemán, las versiones italianas tienen enorme encanto. He aquí la grabación de un momento, por el tenor italiano Giacinto Prandelli en 1949:

viernes, 27 de junio de 2008

Luisa Miller

Con ocasión de que actualmente en el Liceu se está poniendo esta ópera de Verdi, la inmediata precedente de Rigoletto, he aquí el final de la obra, tal como la cantaron en 1968, en el Metropolitan de New York, el barítono Sherrill Milnes, el tenor Richard Tucker y la soprano Montserrat Caballé, en estado de gracia. Dirigía Thomas Schippers. Hay que destacar el trío final que comienza en 20:08.

lunes, 23 de junio de 2008

Edita Gruberova y el belcanto

En marzo de 2000 hubo en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona unas funciones de “Beatrice di Tenda”, ópera de Bellini, en versión concierto. Edita Gruberova, ya en la recta final de una larga y clamorosa carrera, ofreció una magistral lección de belcanto, con hilados de voz, trinos, messe di voce (aumento progresivo del volumen seguido de una disminución proporcional, sobre la misma nota, una proeza) y un legato ejemplar.
Cuando ella canta, reina un silencio absoluto en el teatro. Como decía un amigo: “Tiene el don de parar todas las toses, de curar a los tuberculosos”. Y eso ya es ALGO. La concentración del público es absoluta.
Como botón de muestra, he aquí el aria final, “Ah! Se un' urna é a me concessa”, de la función del 12 de mazo, donde a pesar de lo dudoso de la afinación sobre el agudo, el filado y la messa di voce resultan espectaculares. El teatro, lógicamente, se vino abajo

martes, 17 de junio de 2008

He abandonado el mundo...

He abandonado el mundo
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He abandonado el mundo
en el que malgasté mucho tiempo,
hace tanto que no se habla de mí
¡que muy bien pueden creer que he muerto!

Y muy poco me importa
que me crean muerto;
no puedo decir nada en contra
pues ciertamente estoy muerto para el mundo.

¡Estoy muerto para el bullicioso mundo
y reposo en un lugar tranquilo!
¡Vivo solo en mi cielo,
en mi amor, en mi canción!
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Traducción: Francisco López Hernández - 2004

Esta es una buena traducción de uno de los Rückert Lieder de Mahler, que Dietrich Fischer Dieskau cantaba así:

domingo, 15 de junio de 2008

La ardiente llama del amor

De entre las muchas buenas versiones de esta aria de Marguerite, de “La Damnation de Faust” de Berlioz, esta es una de mis favoritas, por la intensidad dramática que Josephine Veasey imprime al personaje de Margarita, que en vano espera la llegada de su amante, Faust, que la ha abandonado. El ardor del deseo, el aliento entrecortado y la profunda melancolía están claramente delineadas en esta versión dirigida en 1974 por Colin Davis. “D'amour l'ardente flamme”




He aquí otro ejemplo del mismo número, cantado con voz opulenta por Jessye Norman, de una grabación en vivo en París 1985, también bajo la dirección de Colin Davis:

martes, 10 de junio de 2008

Caballé en 1984

Los años de máximo esplendor de la soprano catalana van de mediados de los 60' hasta finales de los 70'. No es que después no tuviera nada que ofrecer, ya que el fiato (el aliento, la capacidad de hilar frases y frases sin respirar) seguía siendo prodigioso, así como la belleza del timbre y la capacidad de flotar las notas (sus famosos pianissimi) , una afinación modélica, entre otras cosas.
Se la ha acusado de cierta frialdad interpretativa, de esteticismo, de tragarse las sílabas y no pronunciar el texto... y estas acusaciones no siempre han sido injustificadas. Sin embargo, aún en los 80' ofrecía momentos de belleza y calidad exquisitas, como el siguiente, tomado de una función en vivo de Don Carlo, de Verdi, en Orange 1984. Como ilustración de su fiato asombroso y de pianos (canto suave) flotados, basta con prestar atención a cuando dice "ti seguirá il mio cor.... ti seguirá el mio cor", (minuto 1:25) en una larguísimo fil di voce (hilo de voz), lo cual es una proeza y una preciosidad. Igualmente al finalizar el aria.

martes, 13 de mayo de 2008

Inigualable Leontyne Price

En una grabación hecha en 1963 de momentos estelares de “Porgy and Bess”, la ópera de Gershwin, la soprano Leontyne Price deja un testimonio de su voz y de su canto que no han sido superados en esta música

domingo, 11 de mayo de 2008

Adios a Leyla Gencer (1928-2008)

Acaba de fallecer la grandísima soprano turca Leyla Gencer, que pasó inadvertida para las grandes discográficas, a la vez que adquiría estatura legendaria entre los aficionados a la ópera, que supieron reconocer en ella un talento excepcional. Las grabaciones hechas por aficionados así como unos pocos videos (Il Trovatore, Werther, Aida) circulan como tesoros. Se la ha llamado justamente "la reina de los piratas" porque su legado permanece en grabaciones que no son de estudio (grabaciones "piratas").

Hace unos pocos años, cuando visitó Barcelona con ocasión del concurso de canto Vinyas, comentó con humor que si bien ella cantaba muchas obras que no eran del repertorio en ese momento, era Caballé quien las grababa. Baste recordar óperas como “Roberto Devereux” o “Lucrezia Borgia” o “Maria Stuarda”, en las que ambas sopranos dejaron su sello peculiar (y bien diferente entre ellas)

Como homenaje he aquí un momento del final de “Anna Bolena” de Donizetti, tal como la cantaba en Glyndebourne en 1965:

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viernes, 9 de mayo de 2008

Canto francés: Alain Vanzo y Andrée Esposito

La escuela francesa de canto hoy prácticamente ha desaparecido para dejar lugar a un canto “internacional” más anodino e indiferente a las inflexiones y la sutileza de cada lenguaje -verbal y musicalmente hablando. Como un ejemplo de canto francés del que ya no existe, he aquí la escena de la seducción de “Manon” de Massenet tal como la cantaban el 3 de octubre de 1960 el excelente tenor Alain Vanzo y la encantadora soprano Andrée Esposito:

lunes, 28 de abril de 2008

Jung: experimento y profundidad

Jung estuvo siempre convencido de la “realidad del alma” en tanto que irreductible a “realidad física” y, por ello mismo, sostuvo la hipótesis de una “psique autónoma”. Desde sus comienzos opuso el conocimiento de la “profundidad” del alma a los métodos de una psicología “experimental”.
Es así que ya en uno de sus trabajos tempranos, “Lo inconsciente”, escribió:

“La psicología experimental de hoy está muy lejos de ilustrar de una manera comprensiva sobre los procesos prácticamente más importantes del alma. Su objeto es, efectivamente, otro distinto. La psicología trata de aislar y estudiar aisladamente los procesos más sencillos y elementales posibles, que se hallan en la frontera de lo fisiológico. No acoge lo infinitamente variable y movedizo de la vida individual del espíritu; por eso sus conocimientos y datos son, en lo esencial, detalles y carecen de cohesión armónica. Quien desee, por lo tanto, conocer el alma humana, no podrá aprender nada, o casi nada, de la psicología experimental. A este tal habría que aconsejarle más bien que se despoje de la toga doctoral, que se despida del gabinete de estudio y que se vaya por el mundo con humano corazón a ver los horrores de los presidios, manicomios y hospitales; a contemplar los sórdidos tugurios, burdeles y garitos; a visitar los salones de la sociedad elegante, las Bolsas, los meetings socialistas, las iglesias, los conventículos de las sectas para experimentar en su propio cuerpo el amor y el odio, la pasión en todas sus formas; y así volvería cargado con más rica ciencia de la que pueden darle gruesos tomos y podría ser entonces médico de sus enfermos, verdadero conocedor del alma humana. Hay, pues, que perdonarle, si no concede gran atención a las llamadas "piedras angulares" de la psicología experimental. Pues entre aquello que la ciencia llama psicología, y lo que la práctica de la vida diaria espera de la "psicología", hay una sima profunda. Esta deficiencia fue precisamente el origen de una psicología nueva.”

Puede consultarse dicha obra picando aquí

sábado, 26 de abril de 2008

Un Ravel histórico

La grabación hecha del Concierto en Sol de Ravel por Marta Argerich al piano, y Claudio Abbado dirigiendo la Filarmónica de Berlín. He aquí el Adagio:

lunes, 21 de abril de 2008

El poder de una firma

Tu firma es más poderosa de lo que crees:

viernes, 18 de abril de 2008

Fauré: In Paradisum

breve movimiento de su Réquiem, en interpretación de Carlo Maria Giulini dirigiendo a la Philharmonic Orchestra y Coros

miércoles, 16 de abril de 2008

Borodin: Nocturno

Del 2º Cuarteto para cuerdas:

martes, 15 de abril de 2008

Miseria de la psicología (6): Neurociencia y filosofía


En una clase dada el 28 de enero de 2008, se trataron temas psicológicos fundamentales, tales como la relación entre psicología y filosofía, la neurociencia, la perspectiva imaginal de James Hillman y el alma concebida como vida lógica según Wolfgang Giegerich.

Puede escucharse la clase picando aquí

domingo, 13 de abril de 2008

Mario Satz: El latido y la luz

Tras muchos, muchos años de lectura y meditación en el Libro de la formación o Séfer yetzirá, donde se dice que los treinta y dos senderos de sabiduría, o sea las veintidós letras y los diez números que ordenan el texto bíblico parten del corazón y vuelven a él, el Rabí Gabriel Toledano, descendiente de una vieja familia sefardí expulsada de España decidió-en paralelo a sus estudios de medicina en Montpellier-, explorar a fondo ese misterio subcutáneo que es el latido (1).

Para ello leyó con fervor a Ibn Gabirol de Málaga y a Yehuda Haleví, se adentró en las páginas más abstractas y difíciles del Zohar y repasó con meticulosidad las obras de Miguel Servet y de Harvey. Cuando supo que cada veintidós segundos la sangre completa su circulación por todo el cuerpo no le asombró esa cifra, ni tampoco que el número de latidos por minuto oscilara entre los sesenta y los ochenta, ya que la letra sámaj que posee el primer valor alude a lo secreto, y la pé que encarna el segundo señala la boca ¿No decía la Torá que lo que sale de la boca del corazón proviene? Ciertamente esas letras juntas forman la palabra saf, taza, y ¿qué es el corazón sino la taza en la que se vierte el Ser?

Pero aún y así Gabriel Toledano no comprendía a fondo del por qué del latido, es decir la danza instantánea entre la contracción o sístole y la dilatación o diástole. Lo habló con su maestro, el Rabí Yona Efron de Marsella, quien le dijo que el tamaño del corazón de cada quien equivale al de su puño cerrado, de donde abrir y cerrar la mano es un ejercicio que no sólo concierne y afecta a los dedos. Visitó a Omar Ispahán, un cardiólogo que vivía en las afueras de Burdeos y conocía lo que los grandes maestros sufíes dicen sobre la víscera cordial, y cuando éste le contó que los médicos persas del siglo X descubrieron que las túnicas del corazón poseían la misma inflorescencia que las rosas, una igual disposición en torno al vacío central, percibió en la analogía algo más que el aroma de la dicha. La doctora japonesa Yoko Namura, compañera de estudios en la universidad, interrogada al respecto le dijo que la palabra que en su país nombra al corazón, kokoro, no por mera casualidad tenía la raíz kr detectable en el cordis latino. Tras años de búsqueda la pesquisa de Gabriel Toledano daba frutos, pues incluso en el hrid del corazón sánscrito se detectaba, habida cuenta la cercanía entre los fonemas k y h , una idéntica fuente fonética.

En un vieja libreta escolar el Rabí Gabriel Toledano fue anotando las respuestas recibidas y los datos concernientes al corazón y su latido, abandonando, gradualmente, ya casado y con familia, su propósito de saberlo todo sobre tema tan difícil, hasta que un mediodía, mientras dormía la siesta entre dos pacientes, sintió el peso de la cabeza de su pequeño hijo Marc sobre el pecho, a la par que su voz preguntando:

-¿Qué haces allí pájaro carpintero? El corazón de mi padre no es de madera.
Aunque estaba despierto continuó haciéndose el dormido para oír qué otras ocurrencias salían de los labios del niño.
-¿Quién eres y qué haces, pájaro de mi padre, tan cercano y tan lejano?
-Sólo son latidos-dijo por fin Gabriel a su hijo.
-¿Y te parece poco? Hay muchos Gabrieles en el mundo pero sólo uno es mi padre. Hay muchos ruidos en el cuerpo, pero sólo uno imita al pájaro carpintero.


Mario Satz
de Alrededor de una nuez

(1) La expresión hebrea en el latido o be-peimáh equivale, numéricamente, a or, luz. Y nada puede ser más cierto: la circulación que se inicia el lado derecho del corazón asegura la oxigenación de la sangre, y la circulación que parte del lado izquierdo asegura la circulación por todos los órganos del cuerpo, de tal manera que, y gracias a los latidos, la sangre arterial esta más íluminada que la sangre venosa.

sábado, 12 de abril de 2008

Gran Teatre del Liceu, noviembre de 1972

El 7 de noviembre de 1972, en el Liceu, tuvo lugar una función de “Adriana Lecouvreur”, de Cilea, con Montserrat Caballé, Josep Carreras, Bianca Berini, dirigidos por Gianfranco Masini. He aquí un momento de esa inolvidable función, la entrada de la protagonista, actriz de la Comedia Francesa, ensayando un papel. Inmediatamente irrumpe en su aria “Yo soy la humilde sierva del genio ceador”:

jueves, 10 de abril de 2008

Sensualidad e inocencia

La ópera de Mascagni “Iris” no ha obtenido el reconocimiento de su “Cavalleria Rusticana”, aunque ofrece momentos de rutilante belleza y calidez mediterránea. En ella Iris, una inocente niña japonesa, es raptada y ofrecida a Osaka, un rico libertino. En una memorable escena el libertino (interpretado aquí por Giuseppe di Stefano) intenta seducirla (O come al tuo sotile corpo s'aggira) , mientras ella (magníficamente cantada por Rosanna Carteri) cree confundirlo con el dios del Sol; cuando él le dice que es el dios del Placer, ella responde con inocencia y espanto, en su aria “Un di ero piccina” (Un día cuando era pequeña) que, cuando era pequeña, en un templo un sacerdote le dijo que placer y muerte eran lo mismo. Osaka se cansa de su ingenuidad y la abandona. Es una grabación de 1957

viernes, 4 de abril de 2008

Lohengrin en italiano

Entrada de Lohengrin de la grabación en italiano para la RAI hecha por Sandor Konya en febrero de 1960, bajo la dirección orquestal de Ferdinand Leitner

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sábado, 29 de marzo de 2008

Miseria de la psicología (5): la huida a los "trasmundos"

Verifico a veces con fastidio, a veces con irritación, que la mayoría -por no decir todas- las páginas dedicadas a psicología ignoran, desatienden, eluden el hacerse cargo psicológicamente del presente, y no me refiero sólo al presente personal, sino al presente histórico. O bien hay un volverse al “interior” del individuo (una supuesta intimidad a-histórica) o un volcarse un exterior fáctico: conductas, cerebro, estados físicos, también a-históricos. Cuando digo que ignoran la circunstancia contemporánea, no me refiero a que no se publique algún artículo “sociológico” sobre la situación actual, algún “reportaje” o algún informe peridístico, sino que no hay sitio (no hay capacidad de pensamiento) para una interpretación psicológica del fenómeno. No sólo no se psicologiza la circunstancia mundial, sino que además se sociologiza y mitologiza el mismo discurso psicológico: se habla de masculino y femenino, de contacto con el cuerpo, de hemisferios cerebrales, de relaciones personales, de padres e hijos, etc. De lo que nunca se habla es justamente del alma. Sólo se habla de "las gentes”, cuando no “de los cerebros de las gentes” (lo cual ha sido justamente llamado “la falacia antropológica”)

Las páginas “junguianas” abundan en referencias a bestiarios medievales, cuentos de hadas, símbolos arcaicos y todo tipo de imaginería más o menos esotérica que no puede ya reflejar, mucho menos hacer psicológicamente comprensible, el presente tal como se hace manifiesto día tras día, por ejemplo, en la progresiva destrucción ecológica o en la globalización económica, o en la emergencia de medios tecnológicos que alteran la comunicación y la transportan a niveles nunca sospechados (Internet, SMSs, iPhone, etc.). En la psicología profunda hay una huída a “la infancia” no sólo literal, al más puro estilo freudiano, sino a esa infancia simbólica en la cual el ser humano podría vivirse contenido e identificado con un cosmos “animado”. Este infantilismo se manifiesta en los intereses y ocupaciones de los llamados psicólogos junguianos: mitos, cuentos, religiones antiguas, sincronicidad, misticismo y espiritualidad de otros tiempos y otras culturas. Ante la circunstancia presente de Occidente, la psicología hace gala manifiesta de puerilidad. Aquí, pareciera decir, no ha pasado nada. ¿Pero es posible “vivirse contenido e identificado con un cosmos animado” en tanto la misma supervivencia del planeta parece depender hoy más que nunca de la actividad de los hombres y de sus decisiones tecnológicas o se trata más bien de una impostación? Cuando el planeta está rodeado de satélites que controlan todas sus regiones, o cuando la astronomía nos ofrece un universo poblado de agujeros negros, galaxias y estrellas que aparecen y desaparecen a lo largo de millones de años, y cuando nos hallamos en situación tecnólógica de enviar naves espaciales a otros planetas? ¿No será acaso un jugar a vivir “como si” los planetas hablaran, los ríos susurraran, y la “naturaleza” estuviera habitada por gnomos y elfos? ¿no será esto una neurótica negación de que los ríos están contaminados y no volverán a ser lo que fueron, y los planetas -al menos los del sistema solar- son cada vez más pasibles de progresiva colonización, y “la naturaleza” en el que nos toca vivir ya no es “la naturaleza” en el que vivieron nuestros antepasados?

El que argumentos tan pertinaces y tan precisos como los de Wolfgang Giegerich no sólo no sean respondidos, sino que ni siquiera sean comprendidos, y no digo ya por el aficionado, sino por los mismos profesionales de la psicología, es un síntoma más de esta miseria actual.

Ya en 1978, en el artículo que traduje y publiqué en la web, “El presente como dimensión del alma”, entre otras cosas Giegerich afirmaba:

El carácter que un objeto tiene para nosotros no depende simplemente de su naturaleza real, sino aún más de la conciencia que lo aprecia. Una golondrina no hace verano, pero ni siquiera mil golondrinas lo hacen. Aplicado a la psicología esto significa: no todo lo que es acerca de la relación madre-niño, complejos, el anima y la individuación es ya ipso facto psicología. Los conceptos y los contenidos de la psicología no constituyen per se el carácter esencial de la psicología. Lo que es decisivo es más bien que la orientación de la conciencia dentro de la cual se perciben en estos contenidos sea ya psicológica.

Estoy objetando aquí al empirismo en la psicología, a esa posición que cree que los problemas psicológicos pueden resolverse científicamente y directamente, dentro de la estructura y sobre la base de la experiencia empírico-práctica, sin que uno simultáneamente se haya comprometido en reflexiones acerca de cuestiones fundamentales de una naturaleza filosófico-arquetipal. Pero el tema de las propias presuposiciones no deben de este modo ignorarse, porque es precisamente una parte integral de la constitución de la psicología: los objetos psicológicos y la estructura arquetipal de la consciencia que los considera son los dos momentos que sólo juntos constituyen la fenomenología psicológica.


Una psicología analítica que opera con una fantasía empirista… se cree capaz de ver en lo “objetivamente dado” la totalidad del fenómeno psicológico, mientras que es, después de todo, sólo un aspecto parcial, y además una abstracción. Mi interés es acerca de la dirección particular en la que tendría que moverse una investigación psicológica a fin de volverse psicológica en primer lugar. Estoy buscando la dimensión del alma y de la psicología; quiero hallar, y consolidar, el espacio particular que por sí solo hace posible una psicología como psicología, y le permite prosperar.



En 1988, en su “El significado de nuestro problema nuclear para la psicología analítica”, Giegerich insistía en la importancia de la bomba atómica como elemento de "aterrizaje", como amenaza no sólo fáctica sino psico-lógicamente real, a fin de compensar la huida al trasmundo. Donde entonces dijo “bomba atómica” hoy podría ponerse “cambio climático”, sin alterar el contenido de su aguda reflexión. Allí escribía:

El enfoque técnico de la realidad sólo reconoce al ego humano como sujeto, y a los deseos del ego como la intención real. La psique sufriente se reduce a una función que, en sí misma, no tiene significado, o a un objeto para nuestra acción intencional. El enfoque sintético-finalista en cambio garantizaba también subjetividad e intencionalidad al fenómeno. Jung quería averiguar lo que la patología quiere o busca, en contra de lo que yo, el analista, o él, el ego del paciente, quiere. El enfoque finalista implica la idea de la realidad de la psique y la idea de la psique objetiva, que puede llamarse real y objetiva precisamente porque se le garantiza su propia subjetividad, e incluso personalidad. Todo pensamiento analítico-reductivo, por contraste, tiene que haber negado la autenticidad de lo real desde el comienzo. No quiere conocer el fenómeno en su verdadera esencia. Sólo quiere saber cómo tratarlo. Las ciencias modernas en el fondo son autoeróticas.…el "finis" no debe entenderse tanto como fin temporal que yace en el futuro por delante nuestro, en el sentido de la concepción linear del tiempo como sucesión, sino más bien que se extiende en la profundidad o la altura de la esencia oculta o el contenido esencial del presente

El verdadero terapeuta no es el analista, sino la enfermedad. Por esto Jung pudo incluso llegar tan lejos como para afirmar que en la neurosis se oculta nuestro mejor enemigo o amigo. Con esta metáfora, se le da expresión definitiva a la subjetividad e intencionalidad del fenómeno discutido bajo el primer movimiento de Jung. El fenómeno es visto como una verdadera personalidad. Finalmente, si no al principio, tenemos que considerar la patología como nuestro mejor amigo. El desorden es el advenimiento de un extraño (ciertamente no querido) o un enemigo (hostis) a recibir en nuestra casa como huésped (hospes), y a cuentas de la cual recepción hospitalaria puede revelarse como el amigo que todo el tiempo había sido.… Esto equivale a una inversión de la actitud común respecto a la neurosis. Aquí Jung presionó más allá de la mente "natural" en el sentido del "opus contra naturam" alquímico. Inversión no significa aquí un simple dar la vuelta en el mismo nivel, un intercambio de más por menos o de pro por contras -sería absurdo enfocar la neurosis de este modo no dialéctico. Más bien, esto es un caso de superación dialéctica (Aufhebung) por la cual el nivel íntegro de la mente "natural" es sobrepasado y se alcanza un nivel de reflexión completamente nuevo.

En tanto individuación se entienda como lo opuesto de socialización o adaptación y en términos del contraste yo versus ellos, podríamos decir que nos movemos sobre un plano horizontal, el plano de la relación sujeto-objeto o introversión versus extraversión. Por el contrario, la noción de Jung de individuación tiene una dirección vertical. Su dinámica es de descenso a las profundidades. La fantasía detrás de esta noción es que la vida humana en tanto existencia psicológica comienza arriba en las nubes, en el reino supraterrestre de las generalidades abstractas o idealizaciones arquetipales. Aún cuando la mente natural nos llama Erdenbürger (habitantes de la tierra, terrícolas) desde el momento en que nacemos (y esto es correcto en cuanto se refiere a nuestra existencia literal), Jung entendió que psicológicamente el ser terrícolas no comienza en absoluto con nuestra vida en la tierra y en la actualidad concreta. Es en cambio nuestra tarea a lo largo de toda nuestra vida: descender lentamente de las sublimes alturas para arraigar en la realidad singular por primera vez. No somos "reales" en el sentido de concreción, sino que tenemos que volvernos reales. La auto-realización, en el sentido de Jung de individuación, está así a enorme distancia de lo que este término sugiere normalmente: una especie de sublime auto-indulgencia, auto-expansión, un morar en y un desarrollo de los propios sentimientos, ideas, inclinaciones, habilidades privadas, etc. En cambio auto-realización es básicamente el movimiento hacia abajo de aterrizaje, el fundar nuestra existencia psicológica u ontológica en lo singular, el abrumar nuestro brillante idealismo mediante la realidad de la oscura sombra.

Vivimos en la abstracción del platonismo de nuestra tradición occidental y este platonismo está apoyando ante todo por, y celebrado en, las ciencias modernas. Aquí llega a su plenitud. Las ciencias construyen una red cada vez más estrecha de construcciones abstractas, y al hacer pasar sus resultados como el mundo efectivo, nos encapsulan más y más en una esfera platónica de esencias intemporales (leyes generales) y nos divorcian del mundo concreto, aún más de lo que ya lo estábamos desde el comienzo. La claridad de los descubrimientos científicos y el hecho de que nos permitan manipular tan exitosamente la naturaleza no cambia el hecho de que psicológicamente nos mantienen alejados e inconscientes de lo real. Ponen una niebla entre nosotros y el cosmos. La niebla es tan densa que somos empujados a pensar que no hay nada allí. No podemos verla como una niebla que esconde el mundo real.

Más próximos a casa encontramos en la misma psicología junguiana algo que se presta a un entendimiento platónico. Me refiero al acento en los arquetipos y los símbolos. Amplificando siempre las imágenes con vistas a llegar al significado arquetipal, uno por supuesto se aleja de lo real efectivo hacia las esencias intemporales, abstractas. Aún cuando mucho en Jung se ha interpretado como apoyando esta tendencia platónica, como podríamos llamarla, y aún cuando Jung no siempre parece haber sido el mejor intérprete de su propia visión, Jung entendió básicamente que con el modo platónico o esencialista de mirar al mundo no puede alcanzarse el mundo efectivo, la realidad actual del ser humano; de hecho, no sólo se los pierde, sino que se los aniquila activamente. Y por esto Jung propuso su idea de individuación como una especie de contra-programa para salvar el fenómeno efectivo, que siempre es un individuum ineffabile en un momento concreto. Esto, el individuo inefable debajo de la infima species de Aristóteles como la verdadera realidad, es a lo que aspiraba la idea de Jung de individuación.

En la psicología junguiana convencional, el empalme dialéctico entre lo arquetipal y la individuación se oscurece con la interpretación personalista de la individuación por un lado, y la interpretación platónica del arquetipo como arquetipo en sí mismo, por el otro. En la psicología arquetipal esta dialéctica se ha vuelto evidente. Fue el mismo movimiento que obligó a Hillman a acentuar lo "arquetipal" por encima de lo "analítico" o "complejo" en el nombre de esta psicología el que más tarde le hizo acentuar, como "psicología de las imágenes", la respuesta estética al rostro o imagen de mi situación concreta que se presenta aquí y ahora. La individuación no tiene que referirse a la individualidad personalista del ser humano, mi yo-idad. Va más allá de eso hacia una individualidad ontológica. Puede verse que detrás de la idea de Jung de individuación está el impulso a rescatar la individualidad en el sentido de la unicidad de la experiencia sensible, no intercambiable, como el constitutivo final de la realidad. Pero esta individualidad no es lo "meramente individual", separado de la profundidad o altura arquetipal de la psique, como ocurre en todas las interpretaciones empiristas y existencialistas de la individualidad.


La idea de Jung de la individuación de la humanidad y obras de su vida como Aion muestran cómo Jung enfoca la psicología del individuo en el contexto de nuestra época y los milenios de nuestra tradición. Por íntima e individual que pueda ser la terapia, en tanto que tal empresa íntima, es más que un asunto privado. La psicología se extiende hacia una dimensión cosmogónica y cósmica. Y puede hacer esto porque ya no es más el Fach (campo compartimentalizado de estudio, especialidad) científico que trata un compartimento de la realidad llamado "el interior del hombre" junto a otras disciplinas o ciencias que tratan todos los otros compartimentos, sino que ha alcanzado un nivel totalmente nuevo de consciencia en el que se ha vencido todo pensamiento compartimental. La psicología implica una posición muy diferente y fresca respecto al mundo como un todo, dejando detrás las posiciones científica y religiosa, al llevar sus contenidos, como un momento superado, consigo.


Nuestra situación es muy diferente de la del hombre antiguo. Este sólo tenía que vivir con el conocimiento de su muerte personal. Nuestra bomba, por contraste, mantiene la promesa de la aniquilación de todo el mundo habitable. Como tal es un símbolo, no del declive de esto o aquel contenido de consciencia o de este o aquel portador de consciencia, sino el símbolo de la decadencia del “mundo” entero, es decir, del nivel o constitución imperante de la consciencia como un todo. En cuanto tal, la bomba es nuestra única oportunidad real de un futuro verdadero.

Un futuro verdadero implica una apertura hacia un nivel enteramente nuevo de consciencia. Sin el declive de la consciencia presente ontológicamente estaríamos viviendo en el pasado. Por supuesto, pueden hacerse todo tipo de cambios y adiciones dentro de la antigua casa de la consciencia, pero de todos modos permaneceríamos encerrados en la antigua estructura para morir este otro tipo estéril de muerte que fue descrito por Nietzsche como la vida del último de los hombres:
"La tierra se ha vuelto pequeña, y sobre ella salta el último hombre, que lo empequeñece todo. Su raza es inextirpable como las moscas; el último de los hombres es el que vive más. "Hemos inventado la felicidad", dicen los últimos hombres, y guiñan los ojos..."

La psicología junguiana no está libre de la presencia del último de los hombres. Sólo tenemos que mirar a la inundación de publicaciones psicológicas que han aparecido en los últimos años para paladear abrumadoramente la vergonzosa autocomplacencia del último hombre. Todos estos libros parecen decir “Hemos inventado la felicidad, conocemos las respuestas”, y también guiñan los ojos. Vuelven todo pequeño y barato, incluso lo más sagrado, al inflarlo: Dioses, significado, símbolos, sueños, creatividad, individuación, arquetipos. Quisieran enjaularnos en el sentimentalismo y nostalgia de una disponibilidad consumista de los tesoros espirituales del pasado como si fueran drogas para crear algún tipo de “subidón” psicológico. Es penoso ver cuánto de la psicología es ilusorio. Pero en esta ilusión, que es la felicidad del último de los hombres, la bomba golpea como un rayo. ¿Qué otra cosa sino la temible bomba puede atravesar toda la caparazón en la que el último de los hombres se ha asentado, y traerle a casa el hecho de que lo que cree que es su felicidad es de hecho una muerte lenta, su momificación de por vida?


En la mayoría de las ciudades occidentales se han creado calles peatonales en los últimos diez o veinte años. Esto es ejemplar. ¿Cuál es la fantasía inconsciente o el deseo que se expresa en la necesidad de este cambio? En las zonas peatonales, la diferencia entre la acera y la calle ha sido nivelada y se ha prohibido el tráfico de coches y camiones. Los peatones quieren estar entre ellos, sin que les moleste el flujo de la vida autónoma, objetiva, de nuestra civilización tecnológica. Tal como el mundo de-uno-mismo-subjetivo-autocontenido de los egos humanos. Como lo viera Jung, las máquinas tecnológicas, los coches, los aviones, etc., son el equivalente psicológico moderno de los monstruos, dragones y otros animales del alma de la mitología antigua. Ahora el hombre quiere aislarse de los humos venenosos de nuestros dragones, el ruido y el hedor del tráfico. Psicológicamente se retira a la inocencia e inofensividad de una isla humana-demasiado-humana de los bienaventurados, de la cual la zona peatonal es un símbolo externo. Esto es más que una mera alegoría. Revela la fantasía dominante hoy, la fantasía dominante probablemente también detrás de gran parte de la psicología con su interés autista por la introspección, la auto-realización, el autodesarrollo, grupos de encuentros, experiencias pico, etc. En contra de este humanismo autocomplaciente, la bomba es el Portador de lo Inconsciente, en el sentido de Jung. Es una idea aduladora que lo inconsciente se manifieste primariamente en nosotros como nuestros deseos instintivos, sexuales, nuestras fantasías y síntomas. El verdadero inconsciente, como siempre, está afuera a nuestro alrededor. Hoy está en nuestra tecnología y en la condición económica del mundo. Aun cuando Jung dijo que el proceso de individuación tal como lo concibió no excluye, sino que incluye al mundo, la psicología hoy todavía tiene el mundo fuera de sí. La psicología es ciega y sorda respecto a las grandes situaciones de nuestra era. No tiene nada que decir del dinero, la banca, la economía; de los nuevos descubrimientos en las ciencias; de la industrialización, del desempleo y la distribución del trabajo. Todo ello permanece fuera de las premisas confortables de la psicología. Si “el hombre moderno está en busca de un alma”, entonces alma aquí significa el interior privatizado del individuo, separado del flujo principal de los acontecimientos.


En 1993, en desafiante “Matanzas”, Giegerich advirtió:

Por más de dos mil años el alma ha cerrado este acceso a la efectividad para sí misma, hasta ahora su único acceso. Desde entonces la humanidad occidental ha vivido de sus reservas, de los restos de los recursos de significado generados en eras anteriores. Al haber abandonado el sacrificio, no tenemos modos de reponer aquellos recursos. A medida de que estos recursos se agotan más y más, la humanidad inadvertidamente ha derivado hacia la irrealidad y la abstracción. La irrealidad es absoluta en tanto aparece en el disfraz de su opuesto: "la realidad positivista”. A menos que el alma halle algún modo distinto de la matanza sacrificial para general verdaderamente y alcanzar la realidad, no puedo ver cómo pueda la vida volver a arraigarse en un significado real y no tan sólo en un sustituto falso; cómo podría la humanidad verdaderamente volver al mundo y bajar a esta tierra, transformando el mundo en un mundo humano. Creo que hay ese acceso a la realidad fundamentalmente distinto, pero aún está ausente, todavía yace en el futuro. Quizás se lo encuentre antes si estamos dispuestos a admitir que es un eslabón perdido (ausente), y a sufrir sin compromisos la vaciedad, la falta de sentido y la irrealidad que implica su ausencia.

Y en su apéndice, en la Respuesta a Hillman, aclaró:

Esto me lleva al uso de “Dioses” en la psicología arquetipal. ¿No podría ser que si se aplica el “ver a través” propio de la psicología arquetipal a los productos de la misma psicología arquetipal se descubra que alguna de sus interpretaciones no tienen el status de “verdad implacable”, sino que pertenecen a un tipo de mundo Disney? ¿Que los “Dioses” vistos por algunos psicólogos en los fenómenos de hoy son como pegatinas puestas sobre los fenómenos más que una automanifestación de los Dioses en o a través de los fenómenos? Creo que este es el caso. Mucho del discurso sobre los Dioses me parece directamente ilusorio. Los fenómenos de la vida son semejantes a lo largo de las eras. Debido a las analogías formales es fácil interpretar los fenómenos de nuestro tiempo en términos de los Dioses que los griegos habrían visto en ellos. Pero para hacer esto uno tiene que sacar los fenómenos de hoy del contexto moderno actual que los informa y darles un status enteramente distinto.

¿Es tan inverosímil pensar que la psicología con su acento sobre las imágenes es un partícipe inconsciente, y de hecho un contribuyente, del poderoso movimiento de la humanidad occidental hacia el mundo artificial de la publicidad, los museos, los espectáculos, el turismo, Disneylandia, la realidad virtual, sólo que de un modo mucho más ennoblecido y en un nivel más elevado intelectualmente?

En 1996, en su "El error básico de la psicología”, Giegerich insistía en que:

la psicoterapia no es una profesión de ayuda en el sentido usual de la palabra. Su propósito no es corregir, curar, mejorar, ya sea el mundo o la gente individual. Tales intenciones son deseos subjetivos que surgen de nosotros como ego personalidades. Por supuesto, no hay nada malo con tales objetivos. Son muy naturales y muy humanos. Y con frecuencia la psicoterapia tiene de hecho un efecto curativo. Pero como ya el mismo Freud advirtió, el efecto curativo es un mero producto colateral (si bien deseable) del trabajo analítico, no su objetivo inmediato. El objetivo inmediato de la psicoterapia es el “análisis”, esto es, obtener conocimiento, hacer justicia a los fenómenos psicológicos penetrando en su núcleo más profundo y comprendiéndolos. Así, aunque los deseos de curarnos, de liberarnos de los síntomas, de mejorar y de crecer son legítimos intereses, no son las metas dadas para el proyecto llamado psicología o psicoterapia. Si, como dice el título de un libro, hemos tenido cien años de psicoterapia y el mundo va peor, ¿acaso había que esperar que fuera mejor? Y lo más importante, ¿sería tal expectativa una expectativa psicológica? No. La psicología no tiene que ver con mejorar el mundo, ni con la esperanza o con la desesperación. Tiene un trabajo que hacer. Este es su compromiso. Aquél que desee entrar en el campo de la psicología debe por ello cruzar un umbral, el umbral que separa nuestros sentimientos, necesidades y deseos de la intencionalidad “objetiva” que es propia de la psicología.

Las ideas que he bosquejado brevemente, demasiado brevemente, hablando inmediatamente al alma; cosmos, anima mundi, animar el mundo. Sencillamente se sienten bien. Evocan profundas anhelos y contienen una preciosa promesa. El único problema con ellas, creo, es que son psicológicamente anacrónicas o atávicas, tan regresivas como la idea del Concilio Mundial de las Iglesias de hace unos años de Salvaguardar la Creación. Y es por esto por lo que incluso se apartan las necesidades psicológicas reales de hoy y nos tientan a alejarnos de la situación real del alma. ¿Puede una conciencia que ha pasado por el proceso de cristianización regresar a una idea del mundo, la tierra, la naturaleza como un sitio del alma, un sitio de significación teológica o metafísica? El propósito mismo del cristianismo es vencer este mundo, y el anhelo más profundo del alma cristiana es de un mundo nuevo. El Cristianismo ha sido verdaderamente un acontecimiento incisivo en la historia del alma occidental. Con él, el velo del templo fue rasgado “de arriba abajo; y la tierra tembló y las rocas se desgarraron” (Mateo 27:51). Esto implica una revolución de la conciencia. Más que una revolución de la conciencia -ha ocurrido un cambio real, un corte real. No hay camino de regreso, así como hay camino de regreso detrás de la pubertad hacia la inocencia de la infancia, o detrás de la Reforma y la revolución francesa hacia un marco mental verdaderamente medieval. Por supuesto, siempre podemos repudiar lo que ha ocurrido, negar su realidad. Podemos fingir que lo que ocurrió no fue de hecho un acontecimiento psicológico tan real como un terremoto, sino tan sólo una falsa opinión o un sistema de creencias engañoso de nuestra parte, una visión humana de las cosas equivocada, nuestra falta de respeto por el planeta tierra. Las falsas opiniones o actitudes pueden corregirse más o menos a voluntad. Pero tales argumentos son excusas. Mediante ellos podemos, ciertamente, jugar a la “Edad Media” o incluso al “paganismo” de un modo semejante a cómo los veteranos de guerra vuelven a jugar las batallas de la Guerra Mundial. Esto siempre es posible, pero más que un pasatiempo es una huida.

Después de este cambio no veo cómo uno puede aún seriamente albergar la idea de un anima mundi. Esta idea es una verdad arquetipal, sin duda. Pero es una verdad que tiene su lugar legítimo en las culturas antiguas. Es parte de la psicología histórica. En nuestro mundo es sólo una ilusión, una expresión de nostalgia. Me temo que para la psicología no tiene más que el status lógico que tienen las telenovelas para las masas -y uso una comparación provocativa. Podría ser que la tarea psicológica que llamamos el magnum opus permanezca igual a través de las eras. Pero lo que obviamente no permanece igual es el nivel en que se plantea la tarea para nosotros. El cristianismo catapultó la psique hacia un nivel muy diferente, y es en ese nivel en el que la psique actualmente está donde tenemos que enfrentar nuestro magnum opus. Hoy la psique ya no está en el nivel de la antigüedad y de la psicología pagana.

Por supuesto, no debiéramos conectar ningún juicio de valor con esta observación. Si este cambio es bueno o malo es irrelevante, en tanto que es real. Ocurrió, y así la situación cambió totalmente. De modo que pareciera psicológicamente equivocado tratar de re-animar directamente el mundo, así como así, o esperar experimentar de nuevo la naturaleza como divina. Sería una nueva representación nostálgica de una situación psicológica histórica. No puedo ver cómo podríamos aspirar a una nueva cosmología, una nueva re-mitologización de la naturaleza. Y tampoco necesitamos una nueva mitología o psicología de la naturaleza. ¿Por qué? Porque ya tenemos nuestra psicología de la naturaleza. Nuestra real y legítima psicología de la naturaleza se llama física, un término que aquí incluye todas las ciencias naturales, así como nuestra psicoterapia real de la naturaleza o del mundo se llama tecnología. El trabajo psicológico que la tiene física en tanto psicología moderna de la naturaleza es demostrar que no hay nada divino en la naturaleza, no hay elfos, ninfas o espíritus. La naturaleza no es sino una especie de máquina, un sistema de leyes formales abstractas. Esta es la verdad del alma cristiana respecto a la naturaleza. Por lo tanto jugar al cosmos animado en contra del universo abstracto de la física no ayuda al alma; contribuye a la escisión neurótica, que prevalece en nuestra situación moderna. Poner la psicología y la psicoterapia en contra de la física y la tecnología, tan solo porque la física y la tecnología no satisfacen nuestras antiguas ideas de lo que tiene alma y qué no, ideas desarrolladas previamente cuando la psique estaba aún en un nivel muy diferente, es un acto de escisión. El alma ha emigrado del cosmos y se ha mudado al universo. Y, según parece, no lo ha hecho sólo como una broma o por error. Por lo que respecta al mundo natural, toda la pasión del alma parece ir hacia la física y la tecnología. Aquí es donde está la verdadera acción. Y parecería un grave error psicológico denegar el predicado de psicológico o emotivo (soulful) a aquello que está movido por tanta pasión del alma. Por supuesto, no deseo sugerir que el mundo tal como nos lo presenta la física es emotivo y animado en el mismo viejo sentido de la palabra, y no quiero que aspiremos a descubrir este viejo tipo de animación en la física, porque estoy de acuerdo que no puede encontrarse allí. Esta es la cuestión misma: que el significado mismo de alma y de emocionante ha cambiado. El alma ya no está donde estaba una vez. Y por doloroso que sea, nuestra trabajo es seguir poner a juicio nuestro pensamiento y adquirir una nueva definición de lo que es animado y reconocer la física y la tecnología como partes inalienables de nuestro trabajo en el alma. Esto exigiría que nuestra consciencia se someta a una revolución con respecto a sus categorías y que aprendamos a ver el alma donde menos lo esperamos y hasta ahora hemos detestado verla. ¿De qué otro modo podría vencerse la escisión neurótica? ¿De qué otro modo podría restituirse lo que por tanto tiempo ha sido mantenido separado del alma? Pero nos aferramos a la vieja idea de animación y por tanto negamos necesariamente la visión de la física de la naturaleza como expresión legítima del trabajo del alma hoy, insistiendo en cambio en una nueva cosmología, una nueva concepción de la naturaleza en términos del anima mundi. Y con ello profundizamos la escisión y repudiamos una parte esencial del magnum opus de hoy.

En mi visión el camino hacia el anima mundi está cerrado. La naturaleza está “acabada”, al menos en cualquier sentido psicológico, teológico o metafísico, y que esté “acabada” es el sentido mismo del mensaje que nuestra psicología de la naturaleza, la física, tiene para nosotros. En la medida en que el intento de re-mitologizar y re-animar la naturaleza fue un alejamiento del acento de Jung en la individuación, ¿simplemente regreso ahora con mi crítica del alma del mundo a la misma psicología de la individuación que los colegas junguianos preocupados por el mundo intentaron abandonar? Me temo que la idea del proceso de individuación, si se la examina críticamente, resulta pertenecer tanto a la psicología histórica como la psicología del anima mundi. Hoy la vida real de la psique no está en el proceso de individuación. Está en otra parte. El status lógico de la individuación es que ella está psico-lógicamente obsoleta, es verdaderamente cosa del pasado. Esto no significa que el proceso de individuación no exista o no ocurra más. Sólo significa que incluso cuando y donde ocurre, junto con la experiencia profundamente satisfactoria del significado, ocurre sólo desconectado, separado de lo que psicológicamente está de verdad aconteciendo en nuestra era y suspendido dentro de esa burbuja autocontenida que llamamos nuestra psicología personal.


El proceso de individuación está totalmente desconectado de lo que realmente está ocurriendo. El magnum opus del alma hoy no es la individuación, sino la globalización. Y globalización significa la eliminación de la identidad personal como algo de propio derecho y el sometimiento lógico de todo lo individual bajo la única gran meta abstracta del máximo beneficio: la ganancia debe aumentar, pero yo debo decrecer. El proceso de máximo beneficio (junto con la necesidad de que tanto compañías como individuos se erijan en competición global) provoca la sujeción de todo en la vida, y en verdad del Ser, bajo la lógica del dinero. Aquí se vuelve necesario recordarles que con estas afirmaciones no estoy dando mi programa. No estoy describiendo lo que pienso que sería bueno y correcto y deseable y debiera hacerse. Meramente intento formular el programa o la lógica inherente en el poderoso movimiento “autónomo” del alma.


No hay razón a priori por la que lo arquetipal, el magnum opus deba aparecer en la privacidad de la sala de consulta o en alguna otra vasija alquímica, y por la cual no podría tomar lugar en el mundo ahí fuera, en lo que pertenece al dominio público. Aquí quisiera introducir una frase acuñada por Goethe: “das offenbare Geheimnis”, “el misterio evidente o llamativo”. Lo que Goethe tenía en mente no era un misterio o secreto que había sido revelado. Quería decir algo que aún cuando es de conocimiento público permanece siendo un misterio. Acaso uno podría decir que precisamente porque está en las candilejas no se lo reconoce como un misterio; se vuelve la Piedra rechazada por los constructores. El carácter de misterio se ve oscurecido porque el fenómeno es tan exotérico, tan manifiesto. Lo exotérico es la mejor ocultación, el mejor escondite del misterio esotérico del alma. Esto es análogo a la visión de Jung de que el ego, que pretendida y ficticiamente es lo mejor conocido y lo mas evidente, es en realidad un insondable cuerpo oscuro (OC 14:129) En efecto hay buenas razones para creer que ha habido un cambio fundamental en la historia del alma.

El proceso de individuación como un todo pertenece a la psicología histórica, arqueológica. Sus imágenes no son irreales, pero representan la realidad del pasado, de lo que habiendo estado una vez al frente de la vida, es ahora histórico en nosotros. Las imágenes no representan la realidad del presente. toda nuestra psicología personal con todos nuestros sentimientos de significado es "historia hundida”, son las reales condiciones de vida de eras anteriores, colapsadas o condensadas e interiorizadas . al insistir porfiadamente en nuestros sentimientos de profundo significado evocados por la experiencia de individuación, nosotros en tanto que gente moderna, estamos por así decirlo jugando a ser “chamanes africanos” o “brujos” -sin admitir sin embargo que estamos meramente representando estos papeles. En un sentido somos como turistas que contemplan un espectáculo de danza tribal o una sesión chamánica, y como estamos profundamente conmovidos por ello en nuestros sentimientos personales, tomamos este sentimiento como marca de verdad, cerrando nuestros ojos al hecho de que estamos presenciando una mera atracción turística. Ciertamente, este espectáculo es la exhibición de una antigua verdad, pero esta exhibición misma no tiene ya más el status de verdad .


La psicología es incapaz de ver el opus magnum de hoy, el opus del máximo beneficio, como el opus magnum del alma de hoy ( o más bien como una fase, la presente, de ese opus en curso). La psicología siente que tiene que despreciarlo como un desarrollo equivocado, tiene que negar su origen en el alma, negar que es la forma presente de la vida simbólica del alma. ¿Por qué? Debido al error básico de la psicología, que es que opera con (y dentro de) la oposición de “individual” y “colectivo”. La poderosa dinámica de máximo beneficio en el contexto de la competición global no es ni individual ni colectiva (un término que hablando estrictamente no denota nada más que un tipo de plural de “individual”, en todo caso. Denota una “colección de individuos”). Esta dinámica no tiene nada que ver con la gente, es de un orden completamente diferente. Es la lógica de nuestra realidad, la lógica o la verdad en la que estamos (sin tomar en cuenta si somos sólo las aturdidas víctimas de este proceso o, en tanto que administradores en la industria o cosas afines, somos participantes activos y contribuímos a ella) Por supuesto, “lógica” no en el sentido de la Lógica formal abstracta. Lo que quiero decir es una lógica concreta, una realidad, una dyamis: psico-lógica. Es el movimiento real del alma; es la vida del alma, que es vida lógica

La miseria de la psicología es que se ha perdido la capacidad de afrontar las cuestiones (serias, profundas y urticantes) que Giegerich expone con su característica claridad. La miseria de la psicología consiste en que la dinámica que rige al mundo hoy haya devenido inadvertida e incomprensible para los mismos psicólogos, quienes aquejados de una total falta de sensibilidad para la historia y para el presente, se vuelven hacia un interior “individual” en el cual recontarse los mitos, las leyendas y los cuentos de antaño, a fin de vivir como si nada importara, como si lo anímico fuera una sustancia permanente, o un objeto inmodificable, e insistieran en dotar de significado individual a una existencia siempre librada a y determinada por esa misma desarrollo histórico-lógico, no sólo inexorable, sino también misterioso. No advierten que el misterio ya no habita dónde una vez habitó, y que los antiguos símbolos, las remotas leyendas y los cuentos infantiles son cáscaras por las que ya no circula la lógica que mueve al mundo.

Es así como la misma “psicología profunda” inadvertidamente cava su propia tumba para ser suplantada por la mucho más eficaz “neurociencia” o diluirse ante la oferta de “soluciones” eficaces y pragmáticas a los “trastornos individuales” en un supermercado terapéutico. Al fin y al cabo en todos estos casos se deserta del alma y se propugna una inmediatez no reflexiva (lo “interior” o lo “exterior”), no psicologizada, no interiorizada hasta sus últimas consecuencias. La “profundidad” deviene así una metáfora “superficial” para una interioridad contenida en una exterioridad inexorable, impasible, supuestamente inacccesible al logos de la psique

lunes, 24 de marzo de 2008

El siglo del individuo (The Century of the Self)

Primera parte del interesantísimo documento de Adam Curtis, “The Century of the Self” (2002) en cuatro capítulos, acerca de cómo los que detentan el poder han empleado las teorías de Freud para intentar controlar las muchedumbres peligrosas en una era de democracia de masas. Sigmund Freud cambió profundamente la percepción de la mente humana y su funcionamiento. Su influencia en el siglo veinte ha sido enorme. Este documental describe el impacto de las teorías de Freud en la percepción de la mente y los modos en que las agencias de relaciones públicas y los políticos han usado ésto durante los últimos cien años para su "fabricación del consenso". Entre los principales personajes están Freud mismo y su sobrino Edward Bernays, que fue el primero que empleó técnicas psicológicas en la publicidad. Suele ser considerado como el “padre de la industria de las relaciones públicas”. La hija de Freud, Anna Freud, pionera de la psicología infantil, se menciona en la segunda parte, así como Wilhelm Reich, uno de los principales oponentes a las teorías de Freud.
Junto con estos temas generales, “El siglo del yo” plantea cuestiones más profundas acerca de las raíces y métodos del consumismo moderno, de la democracia representativa y sus implicaciones. También cuestiona el uso de la manipulación y la idea del ser humano como un animal a merced de deseos y pulsiones inconscientes.




Si bien las cuatro partes del documental pueden verse en Google Video en el original inglés, sólo esta primera parte está disponible con subtítulos en castellano. Es de esperar que vayan apareciendo las tres restantes que son aún más interesantes y más inquietantes, si cabe. A pesar de los (grandes) fallos de traducción de este primer capítulo. Si puedes entender el inglés original, mejor es ver los cuatro episodios tal como se muestran aquí


También puede verse este capítulo con una traducción muy superior, pero partido en seis videos, en este enlace

viernes, 21 de marzo de 2008

Más Giuseppe Di Stefano

el popular tenor italiano muerto recientemente.
En primer lugar, su versión del Duca de Rigoletto, a comienzos de los 50'. Atención al diminuendo en “muta d'aCENto”, a partir del minuto 1'48'', que quita el aliento:


A continuación, una canción napolitana

jueves, 20 de marzo de 2008

El poder de las pesadillas

A lo largo de toda su obra, Henry Corbin ha insistido en que "nuestras ideas sociopolíticas modernas son la laicización y la secularización de sistemas teológicos anteriores" (El Imam Oculto), en que "todas las formas del agnosticismo imperioso y del imperativo agnóstico marcan el triunfo del nihilismo: es la realidad del ser limitado al único mundo empírico, la verdad del conocimiento limitado a las percepciones sensibles y a las leyes abstractas del entendimiento, en resumen, todo lo que rige la concepción del mundo llamado científico y objetivo, y por tanto la realidad del acontecimiento limitado a los acontecimientos de la historia empírica, de manera que ya no hay forma de escapar al dilema “mito o historia” porque no se es ya capz de presentir que existen “acontecimientos en el cielo“... Todas nuestras ideologías reinantes son laicizaciones de sistemas teológicos que perecieron en su triunfo. Queremos decir que la Encarnación divina se ha mudado en Encarnación social o socio-política... Son otras tantas consecuencias de la extinción o la desaparición de del mundo imaginal" (De la teología apofática).

Al perder de vista la realidad del alma (mundo imaginal), la Imaginación ha sido identificada con "lo imaginario" que queda así a merced de estas ideologías. El control de "lo imaginario" es entonces "control del mundo"



Puedes ver la segunda parte de este documento picando aquí
Puedes ver la tercera y última parte de este documento, picando aquí
Desgraciadamente esta tercera parte tiene, en su tercio final, problemas de sincronización entre los subtítulos y la imagen, amén de no traducir todo lo que se dice; los subtítulo que faltan tendrían que decir lo siguiente:

Pero ahora hay dudas crecientes acerca de las medidas de precaución del gobierno británico, de si la amenaza es realmente tan grande como el gobierno pretende... En diciembre del año pasado los jueces decidieron, por una mayoría de 8 a 1, que la detención por parte del gobierno de ciudadanos sin juicio es ilegal y es una violación de los derechos humanos. Los jueces determinaron que no se podría encerrar en cárceles británicas sin juicio previo a los extranjeros sospechosos de terrorismo.
Y uno de los jueces, Lord Huffman, fue más lejos: desafió públicamente la base misma de la guerra contra el terror que lleva el gobierno, que el islamismo radical fuera una amenaza para la vida de la nación.
"No subestimo" dijo Lord Huffman, "la capacidad de los grupos terroristas fanáticos para matar y destruir, pero no amenazan la vida de la nación. Si hemos sobrevivido a Hitler, no hay duda de que sobreviviremos a Al Qaeda. El pueblo español no pretendió que lo que ocurrió en Madrid, tal como fue, amenazara la vida de su nación. El terrorismo, aún con lo serio que es, no amenaza nuestra existencia como comunidad civilizada"


de modo que si puedes comprender inglés, tienes la versión original inglesa aquí

miércoles, 19 de marzo de 2008

Bruckner: Misa nº 3 en Fa

hermosísima obra, de cuya grabación de 1962 con Pilar Lorengar, Christa Ludwig, Joseph Traxel y Walter Berry puede escucharse aquí el "Et incarnatus est"

domingo, 16 de marzo de 2008

La magia de Caballé (2)

“Depuis le jour” es el aria más conocida de la ópera de Charpentier “Louise”, que describe el arrobamiento de su protagonista después de su primer día (y su primera noche) de amor. He aquí la interpretación de Montserrat Caballé, en su grabación para Deutsche Grammophon de 1970

miércoles, 5 de marzo de 2008

Giuseppe Di Stefano, Pippo (1921-2008)

Homenaje al tenor muerto este 3 de marzo, con 86 años. Josep Carreras ha declarado: “Ninguno cantó como él. Para mí, Giuseppe Di Stefano ha sido quien más entendió el concepto del «recitar cantando», porque su expresividad y poder de comunicación fueron únicos e irrepetibles, todo ello aparte de la increíble belleza de su voz”.
De “La Bohème” de Puccini, el aria “Che gelida manina”: